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lunes, 6 de febrero de 2017

LEYENDA DE TERROR EN BUENOS AIRES

El sol comenzaba a descender por el occidente, el reloj marcaba las seis de la tarde y la leve brisa comenzaba a rondar entre las góticas tumbas que adornan la última morada de miles de personas en el cementerio de la Chacarita, uno de los mas emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires. Poco a poco la multitud que visitaba la ciudad de los muertos se concentraba en la salida para dirigirse a sus respectivos destinos personas que venían turisteando, curioseando y muchas otras visitando a sus seres queridos. Una de ella era Felipa, una mujer de mediana edad, una Argentina como cualquier otra a quien la vida le había jugado una mala pasada o quizás la peor de todas. 

Su madre, su única amiga y compañera de vida había fallecido recientemente debido a una terrible enfermedad que la aquejaba desde hacía más de una década. Felipa desde entonces visitaba a su madre a diario en uno de los mausoleos más grandes y ostentosos de todo el cementerio. Pasaba largas horas teniendo conversaciones consigo misma suponiendo que era su madre a quien se dirigía y aún más especial era que ella consideraba que su madre le daba respuesta a cada una de sus inquietudes. 

La noche caía y era hora de abandonar el lugar. Se despidió de su madre con un beso largo en la fría capa de mármol que cubría el féretro de la tumba y salió. Recorrió los pequeños callejones estrechos y finamente formados por el resto de mausoleos, todos estaban vacíos, la vida  no existía en ese lugar en aquella hora. Caminaba cada vez más apurada y sus pasos hacían eco al atravesar del laberinto de tumbas y aquel sonido la perturbaba, se sentía claustrofóbica en medio del silencio que aturdida su mente. Se sentía perseguida aunque aquella no era una sensación novedosa, todos los días en su vuelta a casa era el mismo proceso, los mismos sentimientos, las mismas sensaciones y el mismo llanto.

Por fin logró llegar a la imponente estructura griega rosada que adornaba la entrada al emblemático cementerio y en su interior sintió un profundo vacío, le ahogaba la idea de saber que su madre había quedado ahí, sola, con frío y en peligro. Se sentía afectada, eran pocos los momentos donde aceptaba la muerte de su progenitora. Se adelantó a bajar las escalinatas y se precipitó hacia la avenida Guzmán, estaba cansada y estresada, desde dónde estaba, lograba divisar una gran fila para subir al colectivo que normalmente la llevaba a su casa. Sin muchas ganas de pertenecer a aquella fila decidió sacar de su cartera varios billetes y cálculo su trayecto desde ahí hasta su residencia, acordando que no fuera demasiado lejos optó por tomar un taxi. 

Casi de inmediato, al pararse sobre la avenida Guzmán y sin siquiera haber extendido la mano para avisar, un viejo pero muy bien cuidado auto se estacionó en su vereda, era un taxi. Sin hacerse prevenciones de ningún tipo Felipa abrió la puerta y subió al taxi, indico con su dirección y sin siquiera obtener respuesta del conductor, este arranco. 

Durante el recorrido Felipa se sentía cada vez más cansada y sus ojos casi se entrecerraban con cada movimiento que el auto hacia. Tenía frío, supuso que era parte de un resfrío por el que estaba travesando pero este frío se hacía cada vez más intenso, y comenzaba a incomodarle. Intentó subir la ventana del auto pero se dio cuenta que estabas todas arriba. El frío era insoportable.

- Señor, podría quitar el aire – exigió con voz temblorosa.

Pero Felipa no recibió respuesta. Se reincorporo de nuevo luego de la ignorada propiciada por el conductor y se asomó por la ventana y pudo darse cuenta de que no sabía dónde estaba y aún peor, ya debería haber llegado a su casa. La temperatura disminuía cada vez más al punto de notar el denso vaho que salía de su boca producto de su respiración. Se abalanzó sobre la el intermedio de las sillas muy molesta para exigirle al conductor que se detuviera y pudo notar aún sin mirar su rostro, que está persona tenía una delgadez extrema, la ropa deshilachada y la piel rústica y corroída impregnada en los huesos. Al ver esto no pudo pronunciar palabra alguna, dirigió su mirada al retrovisor interno y en el reflejo que daba al asiento del conductor no vio a nadie. Intentó salir del vehículo pero las puertas estaban trabadas, la temperatura seguía descendiendo cuando volvió a mirar el espejo del auto se encontró con su propio reflejo consumido y rígido, era un zombie de película, los gusanos recorrían su putrefacto rostro. 

Salto del susto y pudo abrir la puerta del viejo taxi, corrió lejos de la calle y se encontró de nuevo con la imponente entrada al cementerio, justo donde había agarrado el taxi. Se tiró al piso, estaba perturbada por lo que acababa de vivir.  Sintió una terrible agonía y comenzó a gritar con desesperación.

Felipa despertó golpeando la gruesa capa de mármol que cubría la tumba de su madre en el interior de mausoleo, estaba completamente desarreglada. Y despelucada, admitió haber estado soñando y sonrió al sentirse ridícula por primera vez en su vida. Con pocos arreglos pudo componerse y salir, la noche caía sobre el cementerio y se apuro a caminar mucho mas rápido por los callejones para llegar de nuevo a la avenida Guzmán antes de podes cruzar la calle un taxi igual de su pesadilla se le atravesó en el camino. Felipa dio un paso a tras de miedo, las ventanas del auto y aquel no tenia conductor. Felipa mando su mano derecha al corazón del asombro y sintió que esté ya no latía más, desde ese momento entendió que hacía parte de la muerte y que su pesadilla jamás tendría un final. 

Autor: Joan Velásquez
Facebook: Joan Velásquez

lunes, 17 de octubre de 2016

EL SUEÑO DE DALÌ

Cuánto tiempo más iba a esperar, llevaba casi una hora en la parada del metro y no se veían rastros del tren, la estación estaba vacía, eran solo aquella vieja estructura y el.  El tiempo pasaba lentamente, le parecía eterno, en realidad lo era. No sabía porque tenía que ir a ese lugar, y tampoco sabía porque estaba ahí, solo sabía que debía viajar, lejos, muy lejos, donde nadie más supiera de él.

El sol se asomaba una y otra vez por el horizonte, la barba le crecía y se caía sola como si mudara su bello corporal, las uñas le crecían y se pulían solas, su expresión cambiaba, engordaba y enflaquecía, se oscurecía y amanecía, y el tren nunca llegaba. Le parecía que cada minuto eran cien años de los cuales noventa y nueve se la pasaba mirando atentamente al fondo del paisaje donde las vías férreas se confundían con el vapor distorsionante que cubría el suelo producto del intenso calor o en algunos días en que la nieve espesa simplemente pintaba de blanco todo aquello que la vista podía abarcar.

La lluvia no era ajena a todo, siempre pendiente del momento en que el decidía llorar para poder llevarse el mar de lagrimas que El dejaba en cada estado depresivo y que suponía un peligro natural para todo lo creado. No podía salir, no podía comer. Extrañaba aquella vez cuando una gran paloma paso volando y el sol la rostizo, quedo perfectamente cocida para él y la comió como si nunca hubiera probado algo mejor antes. Y tal vez nuca lo hizo.

Habían noches donde las estrellas se peleaban con otras, se desdibujaban, se deformaban, se insultaba, se apareaban. El viento se empeñaba en llevárselo lejos, solo sus frágiles y débiles manos lo aferraban a la tierra cuando el odiado viento aparecía. La luna se degradaba noche tras noche pero era poco notable porque las noches no eran seguidas, el día se iba y la noche quedaba, la noche se iba y a veces no volvía nunca más. ¿Podría extrañar tanto la noche como la extraña a medio día? A veces  cuando el sol desaparecía decidía recorrer la estación, las enormes escaleras eléctricas habían funcionado la primera vez cuando ingreso a la plataforma y que lo habían transportado hasta aquella inhumana sala de espera del tren, desaparecieron dejando un vacio solo comparado con la falta de sentido de la existencia de sí mismo.

A veces se acostaba en las butacas a soñar, cuando entraba en el trance profundo sentía que el tiempo iba a un más lento, se descuajaba y se distorsionaban cada unos de sus pensamientos, las tristezas se agudizaban y el temor aparecía como la única arma para defenderse de la soledad, pasaban siglos, milenios, y mucho mas en solo segundos con los ojos cerrados. El sueño lo atemorizaba pero lo hacía sentirse eterno, plasmado en lo perpetuo y en lo inmarcesible como todos sus sueños y anhelos.

Despertarse era peor que cerrar los ojos, en la estación pasaban segundos y en sus sueños milenios. Sentía que la soledad lo embargaba, el tren nunca llegaba y seguramente no iba a llegar. Estaba tarde, el ciclo volvía a comenzar, el libro se volvía a leer, la pintura se volvía a admirar, el dolor volvía a aparecer y su desesperación lo volvía a atormentar. Ya había pasado un tiempo incalculable, ya había sufrido el desdén y la desidia de la vida trastornada, los relojes se derretían mientras que la sexualidad se marchitaba en su esplendor.

 Una gran luz se posicionaba a lo lejos ultrajando la perpetua incomunicación de aquel lugar. El tren se acercaba, venía muy rápido, y su felicidad apareció en espontaneidad, era nuevo, había descubierto algo. Se paro en el borde del andén sin siquiera poder creer que aquel tren de diez pisos, con las cosas más hermosas de su vida por fin viniera por él.

 Rompió en llanto, la esperanza nunca tuvo tanto sentido, el enorme tren se acercaba y las vía se tensionaban, era silencioso mucho más silencioso que su espera. La esplendida luz invadía toda la estación, el tren estaba por llegar, la luz lo encegueció y fue la más hermosa revelación, ya sabía cómo volver a ser, como volver a vivir. Esperó el momento exacto y cerrando los ojos se lanzo en las vías, al morir solo pudo sentir un enorme vacío, una caída libre de dolor visceral y lo único que pudo hacer cuando el tiempo volvió a ser de su control fue respirar profundo, despertarse y comenzar un nuevo día. ¿Seguimos soñando?


lunes, 10 de octubre de 2016

El Jardín del Lobo Part 5 : Un Cambio de Perspectiva

En la penumbra de la gran habitación comenzó a despertarse, se sentía muy relajado, su cuerpo desnudo se confundía con el cuerpo de su hermano que reposaba parcialmente encima de él. Las enormes cortinas impedían la entrada de la luz natural, solo hacía que la habitación se cargara de una tenue iluminación. Lucas comenzó a acariciar el cabello rubio de su pariente mientras Tomas ya despierto comenzaba a tocar el pecho de Lucas tan delicadamente que él sentía que se le ponía la piel de gallina. Tomas comenzó a levantarse e inclinarse sobre el cuerpo de su hermano para darle un beso, un beso largo y tranquilo, un beso perfecto y prohibido. Lucas sabía muy bien que todo estaba fuera de lugar pero aun así, el veía a su hermano como un espejo mejorado de sí mismo, plasmo en él, el amor que sentía por sí mismo y a la vez por él. Durante el beso sentía que se enloquecía, que estaba incurriendo en un delito, sabía que si alguien descubriese lo suyo estarían en serios problemas, quizás hasta podrían morir, sin embargo, no iba a dejar de sentirlo, sabía que estaba atado desde el primer día que descubrió a su hermano como un hombre, cuando jugaron a quererse por primera vez.

-¿Pasa algo?- pregunto Tomas  ante la extraña expresión de su hermano mientras se besaban.
-Nada, estoy bien- respondió Lucas emitiendo una sonrisa- no pasa nada cuando estoy al lado del hombre al que amo, pero…
-Pero ¿Qué?- Pregunto entusiasmado.
-Has pensado ¿qué pasaría si llegaran a descubrirnos, si  en algún momento nuestra Madre o nuestro padre entraran a esta habitación y nos vieran así?, nuestro padres nos asesinaría, o tal vez nos encierre en el sótano por el resto de nuestra vida. Nuestra familia no aguantaría una vergüenza como esa, somos hermanos Tomas, eso es lo que nos condena- dijo Lucas con la mirada perdida en el techo- te amo pero tengo mucho miedo.
-Yo también lo tengo Lucas, tengo miedo de morir por esto- dijo mientras se acostaba a un lado de su hermano y comenzaba a mirar el techo- Hace un par de años cuando todo esto comenzó sentí que era la persona más feliz del mundo, siempre estuvimos juntos en todo pero sentía mucho miedo de decirte lo que pasaba conmigo, cada vez que íbamos al hipódromo del reino te veía solo a ti, eras mi mayor fantasía, la fantasía prohibida, y hoy eres una realidad y no te quiero perder.
-Nunca me vas a perder, no seas tonto, ¡soy tu hermano!- exclamó mientras miraba a su hermano severamente.
-Tú ya no eres mi hermano- dijo Tomas susurrando- Tu eres mi amante. La sangre se perdió desde el primer momento en que fui tuyo y nunca va a volver a recomponerse. Serás mío desde el primer día en que estuviste en mí hasta el mi último aliento.

Lucas se levanto de la cama y recorrió el cuarto pensando en las palabras que su hermano había dicho mientras este se daba media vuelta. Observaba el cuerpo de Tomas en la cama con mucho detalle, la penumbra hacia que su cuerpo se transformara en un sepia perfecto, una obra de arte viviente, era hermoso, era pulcro, podía escuchar su respiración desde la pequeña distancia que aguardaba entre los dos, y supo desde ese momento que jamás volvería a amar a nadie más que a su propia sangre.

Isabel estaba aterrorizada, no quería salir de su cuarto, sentía que su vida corría peligro, pero pensaba sobre todo en lo que su madre se había convertido, una bestia, insensible, deforme, inhumana, un monstruo. De su padre aun no sabía nada, pero sentía que no era el momento de salir de su cuarto, esperaría a que Marcela llegara y así poder salir acompañada de alguien.

Pasaron menos de cinco minutos y Amry tocó a la puerta del cuarto de Isabel, esta de inmediato entro en pánico, no podría mantener un control de sí misma así que su primera idea fue envolverse en las sabanas con la cara tapada. Amry finalmente abrió la puerta.
-Es hora de bajar a desayunar-  dijo Amry mientras observaba el bulto de cobijas blancas en que se había transformado su hija.
-En un momento iré mama- respondió con voz temblorosa.
-¿Te pasa algo hija?- pregunto con desdén mientras levantaba una ceja.
-Estoy bien, en un rato bajo- dijo casi a punto de llorar- ¿Dónde está Marcela?
-No lo sé, últimamente no veo a ninguna de las criadas por aquí- respondió casi sonriente- seguramente han decidido dejarnos sin avisar, se debieron enterar de lo locos que estamos o de lo locos que seremos, ¿no crees hija?

Isabel no respondió ante el comentario de su madre, solo espero hasta que la mujer saliera del cuarto para poder pasar al baño y tratar de calmarse un poco. Habían pasado solo tres o cuatro días desde que no había podido dormir bien del todo, cada día se había convertido en una tortura sobre natural, no entendía por qué después de tanto tiempo, había comenzado a sufrir este tipo de enfermedad. ¿Pero cuál sería?, ¿Había soñado a caso?, las respuestas a estas preguntas envidian su cabeza y una era totalmente diferente de la otra, no había concordancia en ninguno de sus pensamientos, pensaba que se había vuelto loca. Jenna y Karla estaban bien y ella solo tenía horribles pensamientos mezclados con el odio que obtenía de su madre.

Como pudo logro arreglarse un poco y bajo las escaleras temblorosamente, esta vez, no encontró ningún rastro de la sangre que había visto en la mañana al bajar y logro tranquilizarse un poco. Mas lucida recorrió el pasillo principal y entro a al comedor donde se encontraba sola. Cinco minutos más tarde Lucas y Tomas, perfectamente listos para equitación, se presentaron y se sentaron junto a Isabel.

-¿Pasa algo hermanita?- Pregunto Lucas ante el aspecto enfermizo que tenia Isabel.
-Estoy bien, no he dormido bien, nada más que eso- dijo cortante.
-¿Estás segura?- siguió Tomas.
-Sí, esto bien- reafirmo mientras se organizaba el cabello, había bajado tal cual se había levantado, nunca antes había estado tan impresentable ante sus hermanos desde aquella vez cuando era una pequeña niña de 4 años y solía jugar todas las mañanas en el jardín, usualmente solía entrar con la ropa sucia, llena de tierra y con el cabello enmarañado como si hubiera tenido una pelea afuera.- ¿Y ustedes? ¿Qué tal va todo ahí adentro?
-No entiendo hermanita, a que te refieres- respondió Lucas mirando con sorpresa a su hermano.
-Olvídenlo- respondió Isabel con una sonrisa cómplice en su rostro.
-Quiero que me dig...-
-¡Buenos días!- interrumpió Amry, quien abrió la puerta de par en par, al verla todos quedaron enmudecidos en la mese.

Amry llevaba un vestido de color negro ajustado al cuerpo, parecía lista para un baile real, usaba una tiara y un collar de rubíes, su piel blanca contrastaba a la perfección con aquella tela de lino que remarcaba su figura, le aumentaba el busco y hacia que su rostro fuera infinitamente atractivo, su cabello dorado estaba perfectamente recogido y dejaba al descubierto unos grandes pendientes del mismo material de su collar. A su lado hacia su entrada John, con un perfecto traje negro e impecable abrazaba a su mujer camino a la mesa.

Al ver a su madre Isabel palideció, sentía nauseas y terror de solo recordad la escenas que había presenciado unas horas antes, sin embargo conservaba la ilusión de que todo eso fuese solo una mala pasada de su cerebro enfermo.

-Marcela esta por servir- Dijo Amry mientras dedicaba una sonrisa a su marido.
-¿Donde está Karla y Jenna?- Pregunto Isabel fingiendo curiosidad.
-Al parecer mi querida hija nos han dejado esta noche, han salido sin avisar y quien sabe donde estarán- respondió con despreocupación mientras hacía sonar la campana que traería el desayuno.
-No entiendo nada, y ¿No piensan informar sobre esto al Reino?- Pregunto Tomar desconcertado.
-No tomas- respondió el John con una mirada severa- Esas mujeres hace mucho viene trabajando de mala manera, seguramente algo traían entre manos contra nosotros, es mejor que se vayan y que no vuelvan nunca más.
-¡Pero deben dar aviso, puede haberles pasado algo!- intervino Isabel preocupada y bastante exaltada.
-¡DIJE QUE NO! Y ¡NO QUIERO QUE SE HABLE MAS DE ESTE TEMA!- grito Amry mientras se levantaba de su silla- Nadie va a hablar sobre esas miserables mujeres que se encargaron de abandonarnos sin decir una sola palabra, son unas malagradecidas, solo espero que estén muertas.

Al decir esa oración, Isabel comenzó transpirar, su nerviosismo aumentaba mientras que su madre caminaba lentamente alrededor de la mesa con una expresión rígida en su rostro, se detuvo en la cabecera donde estaba su marido y dedico una enorme sonrisa a todos en la mesa mientras que dos Enormes hombres que ninguno de los miembros de la familia había visto antes se paseaban entre ellos dotándolos de banquetes especiales para el desayuno de la familia.
-Ah, había olvidado presentarles a Joself y a Rem- dijo Amry mientras acariciaba el cuello de su marido- Ellos a partir de hoy van a reemplazar a las desadaptadas mujeres que trabajaban en nuestra cocina.

Joself era un hombre de aproximadamente dos metros de estatura, un hombre de piel negra pero con facciones no tan propias de su raza, era fornido, sus músculos se marcaban  a través del grueso traje de trabajo, por otro lado Rem era un hombre de un metro y ochenta de estatura, también era altamente fornido, este era un poco más modesto, a pesar de que sus músculos también se notaban, este optaba por no alardear de ellos, era un hombre de cabello negro y la piel blanca como el queso, sus ojos verdes opacaba cualquier intento de belleza que hubiera ante su presencia. Sin embargo no se trataba de hombres comunes empleados, todos sabían que aquellos que servían en las casa más importantes del Reino era personas elegidas para cumplir una misión obligatoria y de por vida, generalmente eran aquellos inadaptados a quienes la monarquía había dado misericordia y había enviado a una mejor suerte para evitar la muerte.

Joself se paseo sirviendo el juego de naranja que acostumbraban tomar mientras Tomas lo seguía con la mirada, Lucas evidentemente se dio cuenta que su hermano estaba hipnotizado con aquel hombre de color que estaba sirviendo. Tomas no disimulaba en lo absoluto, su mirada era fija, corría con la suerte de que su familia a excepción de su hermano estaban pendientes de otros asuntos y no reparaban la actitud que había tomado tomas.
-¡Ya basta!- susurro Lucas a tomas mientras este le pisaba un pie bajo la mesa. Tomas inmediatamente se reincorporo mentalmente a la mesa
-Madre, y ¿de dónde has sacado a estos caballeros?- Pregunto Lucas con una cara de sorpresa fingida.
-Los solicite esta mañana, y llegaron muy rápido, son perfectos ¿no crees?- Respondió dedicándole un guiño.
-¿Donde está Susana?- Pregunto Isabel que había estado en silencio desde el grito de su madre.
-Está en su cuarto, Marcela se está encargando de ella, al parecer no se siente bien- Dijo Amry evitando la mirada de su hija- de todas maneras se que se va a poner bien mientras nadie la moleste, con Marcela está en buenas manos.

Al terminar el desayuno, los nuevos encargados del servicio retiraron todo de la mesa y se dirigieron a la cocina, Amry y John anunciaron que saldrían de la casa, visitarían el castillo y no volverían hasta la noche. Los hermanos tenían un arduo entrenamiento con los caballos así que salieron inmediatamente hacia el hipódromo, e Isabel quedaría solo en la casa junto con los nuevos del servicio.

Isabel volvió a su habitación y procuro estar calmada, fue al baño y tomo una ducha de agua caliente, pudo relajarse por primera vez, duro aproximadamente una hora en aquel baño esclareciendo su mente y tranquilizando su cuerpo, al fin decidió levantarse de la tina y salir, se envolvió en una gruesa toalla y salió a habitación.

Camino hasta su cama donde había puesto su ropa, comenzó a vestirse frente al espejo mientras comenzaba a observar que el espejo se empañaba. Cuanto más ella prestaba atención al espejo, este se empañaba mas y mas como si la humedad del baño hubiera pasado al resto de su cuarto, los vidrios de las ventanas también comenzaron a empañarse y la temperatura comenzó a bajar rápidamente. De su baño salió una bella mujer desnuda, con el cabello rojo y los ojos azules, su cuerpo era perfecto, y su rostro a Isabel le era muy familiar. Isabel no sintió miedo al ver esta mujer, por el contrario, la extraña presencia le proporcionaba una cierta paz que el resto de la casa le quitaba. Isabel camino hacia aquella mujer mientras esta la miraba fijamente desde la entrada de su baño, de un momento a otro, esta mujer se abalanzo sobre Isabel y la tiro al suelo, pero este ya no era el suelo de su cuarto, había atravesado el suelo hacia pero aun así estaba en el mismo había caído en su habitación, solo que esta vez era ella la presencia desnuda que observaba sin ser percibida su propio cuarto.

Al verse desnuda Isabel corrió a abrir su closet pero encontró ropa que no era de su pertenencia, la ropa era antigua, diferente, camino hacia su cama y sintió que no era su aroma el que expedía sus sabanas, a un costado de la cama, un suntuoso espejo se elevaba casi por toda la pared  era muy alto pero no muy ancho. Isabel paso frente al espejo pero no pudo reflejarse, era como si no existiese, solo ella podía verse a su misma. En su desesperación por intentar verse en el espejo, dejo escapar un grito al ver que aquella mujer rubia y desnuda que se había abalanzado sobre ella salía nuevamente del baño, esta vez con una tranquilidad y libertad sobre ese cuarto, la vio abrir el closet y sacar un gran vestido junto con un corsé. La bella rojiza se vestía mientras alegremente cantaba y recorría el cuarto de un lado para el otro sin siquiera percatar que Isabel estaba ahí, desnuda, presenciando todo lo que hacía.

-Margarita, ¿estás lista?- dijo una voz masculina mientras abría la puerta del cuarto. Inmediatamente Isabel intento cubrirse su desnudez pero le fue imposible.
- Me falta acomodar un poco mi cabello y estaré lista su majestad- respondió la mujer dedicándole una sonrisa.
- Me permitirías un segundo- dijo señalando hacia donde estaba Isabel.
-¡Claro que si su majestad! Esta es su casa y su espacio- respondió de  nuevo inclinando la cabeza.

El hombre avanzo rápidamente hasta donde estaba Isabel y esta grito tirándose para atrás y cayendo en un rico  mientras el hombre se acercaba cada vez mas sin siquiera darse cuenta de la presencia de Isabel. El posaba frente al espejo, se miraba su vestimenta y acomodaba según se veía a sí mismo aquello que perturbase su imagen, sus ojos no estaban disponibles para Isabel, ella no existía ni para él ni para aquella mujer, no era nadie, se había convertido en un fantasma.

domingo, 9 de octubre de 2016

El Jardin del Lobo Part 4: El Fin de los Placeres Prohibidos

La densa niebla que se había estancado en el jardín y que empañaba los vidrios  de las ventanas comenzaba a disiparse mientras los primeros rayos de luz iluminaban las murallas húmedas de la mansión. Con mucha dificultad y sabiendo que su reloj biológico la había traicionado, Karla intento levantarse de su cama en donde había dormido plácidamente en su pequeño cuarto a un lado de la cocina donde trabajaba junto a Jenna, como era costumbre se dirigió al minúsculo baño a asearse y a vestirse para comenzar su jornada de trabajo, sabía perfectamente que en un par de horas la casa entraría en plena actividad y debía despertar a Jenna para que juntas pudieran iniciar los oficios. Una vez estando lista y con su traje de trabajo puesto e impecable de desplazo un par de metros fuera de su cuarto hacia la cocina. Al llegar no pudo evitar asustarse al ver una gran cantidad de sangre esparcida en un rincón de la cocina, justo donde John había reposado después de haber asesinado a Jenna, de inmediato atravesó el comedor y corrió por el pasillo principal hasta la entrada donde empezaban las escaleras, al empezar a subir, y pudo notar que había más sangre en el barandal, aterrada comenzó a seguir el rastro que había dejado John al subir, llego hasta aquel cuarto de huéspedes donde John  había entrado, Karla con mucho temor abrió la puerta y siguió la sangre hasta el baño donde lo encontró  inundado en sangre dentro de la tina.

Sin dar aviso ni hacer ningún ruido Karla salió sigilosamente mientras sus ojos se aguaban y el pánico se apoderaba de ella. Corrió hacia la habitación de Amry para advertirla sobre lo que acababa de ver, mientras corría por el pasillo para subir nuevamente las escaleras se topó con ella quien bajaba como lo hacía cotidianamente a esperar por el desayuno.

-¿Qué pasa contigo Karla?- Gritó Amry ante el fuerte tropiezo que tuvo con ella.
- Señora Amry, creo que algo muy grave está pasando- dijo la criada con una voz sollozante  y apenas comprensible.
-¿De qué me estás hablando? Y ¡ya deja de llorar que no puedo escuchar nada de lo que dices mujer!- exclamo Amry sobresaltada ante la actitud desconcertante de la empleada.
-Hay sangre por toda la casa señora, su esposo esta en uno de los cuartos de huéspedes bañado en sangre señora tiene que verlo, hay que llamar al Reino- repetía una y otra vez la mujer sobresaltada
-Ya cállate mujer y llévame al cuarto, quiero saber que está pasando aquí- dijo Amry enfadada ante el comportamiento de la empleada.

Efectivamente ambas caminaron  hasta la puerta de aquel cuarto y entraron para confirmar lo que la empleada estaba diciendo. Amry estaba sobria, inexpresiva, como si nada de lo que estaba ocurriendo le afectase en lo más mínimo, como si ella hubiera planeado todo.

-¿John?- grito Amry quien se esforzaba por mostrarse sorprendida ante la empleada. John se despertó al oír el vociferado grito de su mujer.
- Lo siento mucho, perdóname- sollozaba mientras con dificultad se ponía de pie e intentaba respirar profundamente. ¡La mate! ¡Yo la mate! Comenzó a gritar mientras que de su cuerpo desnudo se inmiscuía la sangre que la había envuelto en la tina.
-¿De qué estás hablando?- le dijo Amry mirando fijamente a su marido.
-No lo sé, yo no recuerdo nada, solo la vi muerta, estaba muerta, yo fui, no lo hice, no me acuerdo de nada…- repetía una y otra vez sin parar, parecía que había perdido la cordura, estaba en una extrema alteración.
-¿Quien es ella?  ¿Dónde está?- dijo Amry entre dientes.
-Jenna, ¡yo mate a Jenna!- Grito. Al mismo tiempo que Karla emitía un grito de terror.
-Tenemos que informar al reino de esto, ¡ahora!- intervino Karla con rencor en su voz hacia Jonh.
- ¡Nadie va informar de nada a nadie, entendido!- Gritó Amry enmudeciendo a todos en aquel baño
-Los siento señora Amry, es mi deber informarlo, el reino tiene que saber que el señor Jonh es un asesino- Afirmo Karla con severidad
-¡No seas insolente mujer! ¿Acaso has visto el cuerpo de la mujer en la casa? John puede estar solamente delirando- dijo Amry más calmada.
-Está en el mausoleo, en el mausoleo- repetía John llorando una y otra vez mientras su mirada recorría el techo, era como si su alma de hubiera desprendido de su cuerpo.

Sin decir una sola palabra, Amry agarro a Kara de un brazo y la saco obligada del cuarto donde estaban, y aseguro la puerta con la llave correspondiente que cargaba Karla para ingresar a  hacer sus labores en los respectivos cuartos, así obligando a John a permanecer encerrado. Amabas en absoluto silencio bajaron las escaleras y atravesaron la puerta principal. Al salir al jardín se encontraron con un panorama desolador, todo el jardín estaba carbonizado, parecía que hubiera brotado carbón y tierra podrida por todas partes, daba la sensación de ser un campo de guerra y no un hermoso jardín como lo había sido hasta el día anterior.

Isabel despertó intranquila, un dolor de cabeza la agobiaba mientras que sentía que por su cuerpo habían pasado múltiples carrozas de hierro, se levanto con mucho esfuerzo y se dirigió al baño a lavarse el rostro, abrió la llave del lavabo y el agua cristalina comenzó a salir mientras las tuberías internas sonaban estrepitosamente.

 En la parte de arriba, Jonh sentía que se quedaba cada vez más seco, el agua se estaba yendo por la tubería y con ella toda la sangre de Jenna que no había podido quitarse de encima. Abajo Isabel comenzó a sentir un olor fuerte sobre el agua que salía, y sin aviso, el agua se torno roja, era la sangre de Jenna que estaba decidida a no pasar desapercibida ante nadie. Isabel soltó un grito y corrió hacia el  pasillo, bajo las escaleras y busco a Marcela en la cocina, pero no la encontró, no Jenna, ni Karla estaban donde normalmente podía encontrarla, así que decidió salir, quizás en el jardín encontraría a alguien quien pudiera ayudarle. 

Al salir no pudo evitar asombrarse ante el panorama que estaba frente a sus ojos, nunca en su vida había visto el jardín de esa manera. Comenzó a recorrer el camino hasta que pudo ver a su madre junto con Karla paradas frente al viejo Mausoleo, al verlas tuvo un mal presentimiento, se escondió detrás de un árbol y comenzó a observar todo los movimientos que hacían las dos.

Karla estaba confundida, no sabía qué hacer, miraba fijamente a Amry y podía notar su falta de credulidad o interés en todo lo que estaba pasando, acaba de morir o mejor, acaban de asesinar a su compañera, dentro de ella solo rogaba que todo fuera un invento de John. Amry se alejo un poco para recoger una pica de mediano tamaño con la cual obligaría a Karla a abrir la pesada puerta del mausoleo. Karla con nerviosismo levanto la pica y la metió en la ranura que separa ambas puertas y con fuerza logro abrirlas.

-¡Era verdad!- grito Karla mientras empezaba a llorar, se mando las manos a la cara para tapar sus ojos para no ver más aquella escena cruda.

El cuerpo de Jenna yacía descompuesto justo abajo de las puertas, como si aquel mausoleo acelerara el proceso de descomposición de los cuerpos, pero desagradable olor a podrido  era tan fuerte que hasta Isabel pudo sentirlo.

-Cierra eso ahora y aquí no ha pasado nada, ¿entendiste?- Le susurro Amry con una severidad que abrumaba a Karla.
-¡No!- grito enfurecida, esto lo tiene que saber en el reino. Dio media vuelta y empezó a caminar.
-¡No vas ir a ninguna parte!- le grito, mientras levantaba la pica, y al cabo de un segundo, Amry la golpeo con la punta atravesándole el cuello a Karla de manera inmediata imposibilitándola a emitir ningún sonido. Amry comenzaba a sentir que su cuerpo se transformaba, un calor sofocante recorría su cuerpo mientras que sentía que se desfiguraba, su odio y miedo se convertía en una mezcla de ira y rencor, sentía que no debía quedar nada de aquella mujer se que había atrevido a desafiarla. 

La golpeaba una y otra vez, mientras la cabeza de aquella mujer se desfiguraba y su cráneo se destruía, lo disfrutaba, sentía que con cada golpe se volvía mas fuerte. Cuando desistió de golpearla, con una fuerza desconocida hasta para ella misma, la agarro y la arrojo al mausoleo, mientras que a los pedazos de la cabeza de aquella mujer los goleaba con la pica de forma tal que cayeran dentro del Mausoleo, Al terminar, lo cerro de nuevo y volvió a la casa.

Isabel quien había presenciado toda la brutal escena, no paraba de llorar y sentir terror de que su madre la descubriera espiando y mas en esas circunstancias. Había visto como esa mujer destrozaba a otra como aplastar una uba, sus sentimientos recorrían del temor hasta el asco. Antes de que su madre se adelantara a regresar, Isabel corrió por el Camino del Rey y entro a la casa, corrió hacia su cuarto y se encerró ahí a llorar.

Amry se dirigió al cuarto donde había encerrado a su marido, abrió la puerta y  se dirigió al baño donde encontró a su marido desnudo en la tina que ya estaba vacía, se desnudo frente a él, abrió el grifo y lleno la tina nuevamente, ahora era ella quien al entrar tiñò de rojo toda el agua de la tina, Al verla Jonh dejo de sentir preocupación. Amry lo miraba fijamente mientras le acariciaba el pecho y descendía con su mano dentro del agua hasta tocar su miembro, comenzó a masturbarlo mientras él la besaba apasionadamente y sus dedos de deslizaba por la parte más intima de su mujer haciéndola sentir más viva que nunca, no les importaba el olor a sangre y muerte, el sexo para ellos sería igual de placentero que asesinar a las criadas. Porque para ellos los placeres prohibidos, ya no lo serian nunca más.


lunes, 15 de agosto de 2016

Veintiún Gramos Felizmente Solitarios.

No sé en qué momento ocurrió, todo fue tan rápido, tan de repente, no estaba en mis planes. Parecía una noche tranquila como todas las que he tenido desde hace mucho tiempo, he pasado años tras años dedicándome a vivir mi vida de jubilado con la mayor actitud posible, he criado a mis hijos, y he cumplido con la sociedad en todo lo que es debido. Esa noche, calurosa, sería el final. Fue tan rápido que apenas pude sentirlo, fue tan doloroso que no pude siquiera reaccionar. A vise a Laura, mi mujer que había algo que no estaba bien, el dolor se hacía cada vez más intenso en mi pecho y se expandía a través de mi cuello y espalda, pero a su vez era como si no hiriera, era un sufrimiento con una gran dosis de alivio. Cada vez era menos consciente de lo que sucedía. Laura bajó rápidamente las escaleras para avisarle a nuestra hija sobre lo que me ocurría. El dolor me doblegaba, me acurrucaba como un bebe en la cama mientras me consumía la desesperación pero al mismo tiempo se mantenía en mi un sentimiento de paz como nunca antes había sentido.

Estaba en un taxi que recorría a toda velocidad la ciudad, apenas podía vislumbrar las luces que se reflejaban tenues a través de los vidrios del vehículo y que pasaban como flechas antes mi rostro, tenía mi cabeza recostada en las piernas de mi mujer quien no paraba de sollozar como si alguien estuviera muriendo, en el carro pude distinguir además del conductor y de mi mujer, a un hombre que nos acompañaba en el asiento de adelante, se trataba del esposo de de mi hija Luis. María y Luis habitaban el primer piso de mi casa ya hacía varios años, vivían con mi nieta, la única nieta mujer que tenía, mi nieto varón ya hace años que vive fuera del país con su madre. Ella había sido la alegría de mis días desde hacía seis años. Con Sebastián, mi nieto mayor, tuvimos una muy linda relación pero nunca fuimos tan cercanos, ya sabrás que en nuestra cultura, los abuelos siempre serán los maternos y este no era el caso, el era hijo de mi hijo mayor.

Llegamos al hospital de la ciudad, no puedo recordar muy bien cuál de todos, y tampoco lo que pasaba, no sé si caminé, no sé si me llevaron, mis recuerdos están borrosos, extrañamente solo puedo decir que me sentía a mí mismo, me sentía alejado, me sentía independiente de mi mismo, me sentía libre. No soy una persona educada, he sido un trabajador, alguien insignificante para el mundo, pero en ese momento me sentía único en mi especie. Elevado, extrañado, nuevo, enérgico y muchas sensaciones mas que no podría describir se apoderaban de mi con cada segundo que pasaba.

Las luces pasaban ante mi rostro rápidamente, a mi alrededor muchas personas vestidas de blanco, evidentemente médicos y enfermeras me llevaban con prisa a un lugar que no identifico, era un niño de nuevo, me sentía arrastrado en un coche, podía disfrutar de aquel recorrido por el pasillo del hospital. Laura estaba a mi lado, corría a mi lado sujetando mi mano, podía sentirla plenamente, era como si quisiera sentirla aun mas, la amaba saben, el amor que había entre nosotros sufrió todas las transformaciones humanas que puede tener, habíamos sido los amantes más fervientes que el mundo haya conocido, los mas recatados y problemáticos padres que se descontrolaban en el soledad y los compañeros más unidos que la vida en su estado más avanzado pudo formar. Su belleza nunca se fue, siempre estuvo ahí ante la deformidad que la vida produce en los hombres, ante el debilitamiento del cuerpo, ante la pérdida natural del deseo. El amor pasa por encima de todas esas cosas y esta noche superaba el obstáculo más grande de todos. El amor lo descubrí a su lado y supe que era mucho más increíble de lo que se puede imaginar, era  casi irreal y aun en este plano, sigue siendo.

Nuestras manos se separaron al entrar en la sala, mi cuerpo estaba cada vez más inmóvil y mi conciencia recorría los más profundos pensamientos que habitaban en mi cabeza, desde recuerdos hasta pequeños detalles que obvie durante años. Me encadenaron, o por lo menos eso sentí, en realidad estaba atado a cientos de tubos, jeringas. Mis sentidos se agudizaban, el olor a alcohol era fuertísimo, cada toque o rose era casi un golpe. Me encontré a mí mismo, solo en aquella sala, entubado, viejo, desecho, solo, no había ruido, no había nada mas, éramos yo y yo.

Podía verme postrado en la cama, camine hacia mí, mientras el frio invadía mi cuerpo, lo sentía como el hielo, avanzaba como gangrena, llegue a mi cabeza y me mire fijamente. Mi mirada me asustaba, ni siquiera un espejo habría de darme la impresión que me dio el haberme observado a mi mismo con tal detalle, supe que mi cuerpo estaba libre de mi alma porque mis sentidos era perfectos, mi cuerpo se movía con normalidad, había vuelto a tener veinte años, aunque sentía que mi apariencia seguía siendo la misma. Mis ojos brillaban, pero ese brillo iba desapareciendo, y el frio se hacía más intenso, hasta que  veintiún gramos se desprendieron de mi cuerpo, mis ojos se oscurecieron y desaparecí en el infinito, donde no hay nada, donde no hay nadie.

Había un pequeño riachuelo que dividía ambos caminos, uno para mujeres y el otro para hombres, yo, como todo los demás vestía de gala, un traje muy hermoso, absolutamente negro, no teníamos zapatos, nuestros pies se confundían con el agua absolutamente negra que había en el camino pero que no alcanzaba a superar la altura del tobillo, caminábamos con un paraguas que nos protegía de la eterna lluvia que nunca cesaba pero que jamás lograba hacer sonar su cúpula parabólica. Caminábamos en fila, en orden, no había pensamientos, no había sentimientos, no había felicidad, no había tristeza, éramos todos iguales, éramos todos perfectos. Caminábamos en línea recta, uno detrás del otro, al mismo paso, a la misma velocidad, nuestra cabeza era libre, podíamos mirar para donde quisiésemos, todo el proceso parecía automático. En las laderas de ambas calles, se apilaban  muchas personas de diferentes razas, no vestían como nosotros, parecían espectadores, estaban solos, estaban tristes, no llovía del lado donde estaban, no había rio que les tapase los pies, miraban, lloraban, algunos sonreían, pero ninguno podría pasar a nuestro lado y cuando menos esperaban desaparecían o aparecía uno diferente, estos espectadores no pertenecían a este lugar, eran para mi, invitados.

No existía el tiempo, no había reloj, no había cansancio, no había sudor, no había esfuerzo, no había dolor, caminábamos, solamente caminábamos.


Como si hubiera despertado, no sé de donde, no sé cómo, simplemente es así, estoy donde estoy, la felicidad es eterna, no parece haber algo mejor que lo que tengo. Riego mi jardín, las plantas que tanto quise, que plante y cuide con mucho cariño, son las mismas que tenía en mi casa. Mis años de jubilado pasaron en gran parte por ese jardín, y esta ahora aquí, conmigo, la belleza de este lugar es solo comparable con mis sueños, es tranquilo, tengo donde descansar, pero nunca me canso. Hay un lugar especial donde el tiempo y el espacio se rompen, donde puedo saber la realidad y donde la felicidad  se desvanece. Es un regalo del universo para mí. Este pequeño estanque es especial, solo aquí me doy cuenta de todo lo que pasa a mí alrededor y que no puedo ver porque hago parte de mi propio mundo. Al tirar una pequeña piedrita de estas, puedo ver reflejado  a través de las ondas producidas en el agua, el rostro de cada uno de mis seres queridos. Lloro regularmente en este lugar, veo como cambian, los siento lejos, pero no estoy triste, no tengo permitido estarlo. De igual forma, mi alma siempre fue rebelde, y acepto la soledad que me ha traído la felicidad en este nuevo espacio del universo, acepto la feliz incertidumbre de no poder volver a compartir con mi familia. Morir es parte de vivir, pero la felicidad, el amor y la soledad, es lo único que transciende con uno.


martes, 10 de mayo de 2016

Como una flor en el Desierto.

Caminaba lenta y atentamente a todo lo que me rodeaba en ese momento. La Plaza de Bolívar, un lugar muy extraño, es quizás el lugar mas importante de toda la nación, una plaza hermosa, un lugar cultural e histórico, pero también de dolor y terror. Un cuadrado perfecto donde en cada uno de sus lados se erguían edificaciones antiguas y hermosas. El sol iluminaba las fachadas habanas de aquellas arquitecturas prolijas y el viento fresco rozaba mi rostro enrojeciendo mis mejillas. 

Estaba maravillado, feliz de estar en ese lugar. Mi mirada se centraba en el Palacio de justicia, un lugar visualmente hermoso pero con una historia terrorífica, mis sentimientos se revolvieron y solo pude preguntarme. ¿Cómo puede un lugar tan bello, estar marcado por la historia del odio puro?, imaginaba como en el pasado entraban los tanques de guerra y el edificio en llamas. Era hora de terminar con aquellos recuerdos y volver al presenteRecordé inmediatamente que no era momento para historias tristes.

A mis espaldas el congreso se imponía como paisaje, debo decir que odio ese lugar, pero no podía seguir exprimiendo odio ahí, tenia que admirar y sacar lo mejor de toda mi vista. Colombia es un país que necesita sacar lo mejor de todo lo que se ve y dejar de odiar. Entonces supe que era el lugar y el momento adecuado para cambiar la historia, mi historia y la historia de todo lo que me rodeaba.  

A mi lado estaba el, mi estomago se revolvía, mi cabeza volaba y mis de sentimientos no tenían descripción alguna. El era todo para mi y yo era todo para el. Nos amamos con una sonrisa, miramos a la cámara y fue en ese instante donde cambiamos la historia. Convertimos la  Plaza de Bolívar, la plaza macabra, de historias de terror y odio, en el lugar donde inicio una historia de amor. La primera de mi vida. Como una flor que nace en el desierto, agregamos la palabra amor a la historia del dolor. 



domingo, 17 de abril de 2016

El Joyero Apresurado.

Aún era muy temprano, el sol apenas se asomaba en el horizonte indicando el inicio de un nuevo día para mí, los ligeros rayos de luz comenzaba a iluminar la parada del tren donde me encontraba. Aun tardaba un poco en arribar, sin embargo, el aire fresco que descendía de los cerros hacía de mi espera un poco más confortable. Empezaba a ponerme impaciente, mi trabajo exigía puntualidad y la demora del ferrocarril rozaba mis límites de tiempo. En mi impaciencia comencé a observar a mi alrededor, cientos de caras conocidas del día a día, parecía un gran reencuentro cada mañana en esta parada. En uno de esos ir y venir, mi mirada se cruzó con la de ella. No sé si me había enamorado antes, pero lo que sentí era completamente nuevo para mí.

Era extremadamente bella, su piel blanca como la nieve despertaba en mí una paz con solo mirarla, era una mujer alta, delgada y de pulcra elegancia. Su belleza captó la atención de inmediato. Cruzamos miradas por tres segundos, tiempo suficiente para que ella de modo insinuante me dedicara una sonrisa o al menos eso creí. Tenía claro que no era el tipo más hermoso o vigoroso del mundo, pero aquella corta dedicación fue suficiente para elevar mi auto convencimiento. Intenté acercarme a ella, pero justo en ese momento, el tren viejo y corroído pasó frente a mí, separando mi mirada de la de ella.

Al  día siguiente, todo parecía una copia del día anterior,  de nuevo estaba en la parada, a la misma hora, pero esta vez, más que esperar el tren, la esperaba a ella. Los minutos pasaban y aun no podía reconocerla entre la multitud así que desistí y subí al tren como lo hacía en la normalidad. Me sentía un poco desconcertado, creo que mi motivación esa mañana era ella. Recosté mi cabeza sobre el vidrio de la ventana  y dormí hasta la estación de destino. Al llegar, estaba tan profundo que no me di cuenta que el recorrido había terminado. Era la última estación y los usurarios ya habían bajado, sentí como una dulce vos susurraba a mi oído que habíamos llegado, nunca la había escuchado, pero supe de inmediato que era ella.

Más hermosa que ayer, no podría describirla con palabras, se había tomado la molestia de ir donde estaba y despertarme, eso inmediatamente me hizo pensar que ella también me distinguía y no era otro viajero más o al menos eso llegué a pensar. Recorrimos caminando todo el lugar hasta la salida sin decir ni una sola palabra. Aunque cruzando un par de miradas y sonrisas tímidas. Al llegar a la salida, ella me dió un beso en la mejilla y se despidió con un efusivo: ¡Que tengas un buen día!

Trabajé durante todo el día con agilidad y rapidez con el fin de obtener al final de la jornada un tiempo libre considerable para poder fabricarle con mis propias manos un regalo, el regalo perfecto. Pasé gran parte de la noche en el taller fabricando aquella especialidad para ella, algo que adornase con su belleza y la hiciera brillar, algo con lo que ella me recuerde para siempre. En realidad no quiero que me recuerde, quiero que sepa que desde que la vi no he parado de pensar en ella y que creo que estoy enamorado por decirlo de forma simple.
A la mañana siguiente, una torrencial lluvia inauguraba el día, sin embargo, yo tenía todo preparado para verla, quería sorprenderla. Avancé por toda la plataforma en su búsqueda, y la encontré por fin al final de ella con unos hermosos abrigos impermeables. Parecía sacada de alguna revista de esas que ves en las tiendas exhibidas, esta tan hermosa que dudé un poco en acercarme. Ella logro verme mientras yo me dirigía a su encuentro, con una sonrisa nerviosa me saludo seguido de un beso en la mejilla.

-Tengo algo para ti- le dije, con voz temblorosa y con un poco de temor.

Me adelanté  antes de que pudiera reaccionar verbalmente y le entregue en sus manos un bello cofre de madera. Ella sin palabras se apresuró a abrirlo. Su cara de asombro me aseguro que lo había logrado, había logrado impresionarla y antes de que pudiera hablar le confesé todo eso que ustedes ya saben. Ella con una expresión de asombro me dirigió  su mirada mientras sacaba del cofre una  pulsera pesada y ostentosa hecha en plata y con la decoración más bella que pude haber fabricado antes, mi profesión me había preparado para sorprender a la mujer de mi vida y espere mucho tiempo para poder dar mi más preciado trabajo a quien realmente lo merecía.

-No puedo aceptar esto, yo… - dijo con una expresión de vergüenza. Yo estoy comprometida.

Y fue en ese en ese instante en que descubrí un sentimiento nuevo para mí. Fue ahí donde supe que las ilusiones son solo eso, ilusiones. 


No diré mucho más, creo que ustedes saben cómo pudo haberse sentido, solo sé que nunca más me volvió a suceder porque nunca encontré a alguien como ella.