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viernes, 31 de julio de 2015

Lo que el viento nunca se llevó

La memoria gran amiga,
enamorada de la vida,
único lugar en el ser humano,
donde el tiempo se devuelve.

Aquella no era una tarde  cualquiera,
esa historia estaba por comenzar,
y no habría mejor recuerdo,
que mi memoria pudiera guardar.

Aquel lugar que con esfuerzo alcanzamos,
trepando y volando libres,
donde dejamos los apuros,
y fuimos felices.

El sol se apagaba,
la luz se desvanecía,
y aun en la oscura penumbra,
tu nombre repetía.

La salinidad del mar encontraba su lugar,
en la perfección de tu piel,
de tus piernas donde reposé,
y de tus labios que besé.

Recuerdo escuchar las olas del mar,
que rompían contra aquella barrera de piedra,
salpicando finitas gotas cual tormenta del caribe,
que resbalaban en tu cuerpo perfecto e ilegible.

Único momento e increíble
sentir cada parte de tu cuerpo
aun con el deseo en exceso
exaltaba y excitaba en apogeo.

No podría olvidar nunca tu sonrisa,
tus labios temblorosos,
tus ojos llorosos,
tu tristeza descrita.

Aun logré despejar un segundo,
detener el tiempo en tus manos,
sonreír a tu lado,
Y despejar los sueños desalmados.

Fue en esa tarde donde el sol nos dejó,
donde la arena nos envolvió,
donde la brisa nos empapó,
y donde mi mente guardo lo que el viento nunca se llevó.

Fue en esa tarde donde pude ser yo,
donde descanse en tus piernas,
donde miré tu s ojos,
donde pregunte por ti,
y donde tu preguntaste por mi.

Fue en esa tarde donde fui feliz,
donde se olvidaron las fronteras,
donde fuimos,
donde somos.

Aquella tarde Dios nos dibujó,
fuimos parte del paisaje,
de aquel atardecer de sueño,

y aquel abrazo inolvidable.