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lunes, 17 de octubre de 2016

EL SUEÑO DE DALÌ

Cuánto tiempo más iba a esperar, llevaba casi una hora en la parada del metro y no se veían rastros del tren, la estación estaba vacía, eran solo aquella vieja estructura y el.  El tiempo pasaba lentamente, le parecía eterno, en realidad lo era. No sabía porque tenía que ir a ese lugar, y tampoco sabía porque estaba ahí, solo sabía que debía viajar, lejos, muy lejos, donde nadie más supiera de él.

El sol se asomaba una y otra vez por el horizonte, la barba le crecía y se caía sola como si mudara su bello corporal, las uñas le crecían y se pulían solas, su expresión cambiaba, engordaba y enflaquecía, se oscurecía y amanecía, y el tren nunca llegaba. Le parecía que cada minuto eran cien años de los cuales noventa y nueve se la pasaba mirando atentamente al fondo del paisaje donde las vías férreas se confundían con el vapor distorsionante que cubría el suelo producto del intenso calor o en algunos días en que la nieve espesa simplemente pintaba de blanco todo aquello que la vista podía abarcar.

La lluvia no era ajena a todo, siempre pendiente del momento en que el decidía llorar para poder llevarse el mar de lagrimas que El dejaba en cada estado depresivo y que suponía un peligro natural para todo lo creado. No podía salir, no podía comer. Extrañaba aquella vez cuando una gran paloma paso volando y el sol la rostizo, quedo perfectamente cocida para él y la comió como si nunca hubiera probado algo mejor antes. Y tal vez nuca lo hizo.

Habían noches donde las estrellas se peleaban con otras, se desdibujaban, se deformaban, se insultaba, se apareaban. El viento se empeñaba en llevárselo lejos, solo sus frágiles y débiles manos lo aferraban a la tierra cuando el odiado viento aparecía. La luna se degradaba noche tras noche pero era poco notable porque las noches no eran seguidas, el día se iba y la noche quedaba, la noche se iba y a veces no volvía nunca más. ¿Podría extrañar tanto la noche como la extraña a medio día? A veces  cuando el sol desaparecía decidía recorrer la estación, las enormes escaleras eléctricas habían funcionado la primera vez cuando ingreso a la plataforma y que lo habían transportado hasta aquella inhumana sala de espera del tren, desaparecieron dejando un vacio solo comparado con la falta de sentido de la existencia de sí mismo.

A veces se acostaba en las butacas a soñar, cuando entraba en el trance profundo sentía que el tiempo iba a un más lento, se descuajaba y se distorsionaban cada unos de sus pensamientos, las tristezas se agudizaban y el temor aparecía como la única arma para defenderse de la soledad, pasaban siglos, milenios, y mucho mas en solo segundos con los ojos cerrados. El sueño lo atemorizaba pero lo hacía sentirse eterno, plasmado en lo perpetuo y en lo inmarcesible como todos sus sueños y anhelos.

Despertarse era peor que cerrar los ojos, en la estación pasaban segundos y en sus sueños milenios. Sentía que la soledad lo embargaba, el tren nunca llegaba y seguramente no iba a llegar. Estaba tarde, el ciclo volvía a comenzar, el libro se volvía a leer, la pintura se volvía a admirar, el dolor volvía a aparecer y su desesperación lo volvía a atormentar. Ya había pasado un tiempo incalculable, ya había sufrido el desdén y la desidia de la vida trastornada, los relojes se derretían mientras que la sexualidad se marchitaba en su esplendor.

 Una gran luz se posicionaba a lo lejos ultrajando la perpetua incomunicación de aquel lugar. El tren se acercaba, venía muy rápido, y su felicidad apareció en espontaneidad, era nuevo, había descubierto algo. Se paro en el borde del andén sin siquiera poder creer que aquel tren de diez pisos, con las cosas más hermosas de su vida por fin viniera por él.

 Rompió en llanto, la esperanza nunca tuvo tanto sentido, el enorme tren se acercaba y las vía se tensionaban, era silencioso mucho más silencioso que su espera. La esplendida luz invadía toda la estación, el tren estaba por llegar, la luz lo encegueció y fue la más hermosa revelación, ya sabía cómo volver a ser, como volver a vivir. Esperó el momento exacto y cerrando los ojos se lanzo en las vías, al morir solo pudo sentir un enorme vacío, una caída libre de dolor visceral y lo único que pudo hacer cuando el tiempo volvió a ser de su control fue respirar profundo, despertarse y comenzar un nuevo día. ¿Seguimos soñando?


lunes, 10 de octubre de 2016

El Jardín del Lobo Part 5 : Un Cambio de Perspectiva

En la penumbra de la gran habitación comenzó a despertarse, se sentía muy relajado, su cuerpo desnudo se confundía con el cuerpo de su hermano que reposaba parcialmente encima de él. Las enormes cortinas impedían la entrada de la luz natural, solo hacía que la habitación se cargara de una tenue iluminación. Lucas comenzó a acariciar el cabello rubio de su pariente mientras Tomas ya despierto comenzaba a tocar el pecho de Lucas tan delicadamente que él sentía que se le ponía la piel de gallina. Tomas comenzó a levantarse e inclinarse sobre el cuerpo de su hermano para darle un beso, un beso largo y tranquilo, un beso perfecto y prohibido. Lucas sabía muy bien que todo estaba fuera de lugar pero aun así, el veía a su hermano como un espejo mejorado de sí mismo, plasmo en él, el amor que sentía por sí mismo y a la vez por él. Durante el beso sentía que se enloquecía, que estaba incurriendo en un delito, sabía que si alguien descubriese lo suyo estarían en serios problemas, quizás hasta podrían morir, sin embargo, no iba a dejar de sentirlo, sabía que estaba atado desde el primer día que descubrió a su hermano como un hombre, cuando jugaron a quererse por primera vez.

-¿Pasa algo?- pregunto Tomas  ante la extraña expresión de su hermano mientras se besaban.
-Nada, estoy bien- respondió Lucas emitiendo una sonrisa- no pasa nada cuando estoy al lado del hombre al que amo, pero…
-Pero ¿Qué?- Pregunto entusiasmado.
-Has pensado ¿qué pasaría si llegaran a descubrirnos, si  en algún momento nuestra Madre o nuestro padre entraran a esta habitación y nos vieran así?, nuestro padres nos asesinaría, o tal vez nos encierre en el sótano por el resto de nuestra vida. Nuestra familia no aguantaría una vergüenza como esa, somos hermanos Tomas, eso es lo que nos condena- dijo Lucas con la mirada perdida en el techo- te amo pero tengo mucho miedo.
-Yo también lo tengo Lucas, tengo miedo de morir por esto- dijo mientras se acostaba a un lado de su hermano y comenzaba a mirar el techo- Hace un par de años cuando todo esto comenzó sentí que era la persona más feliz del mundo, siempre estuvimos juntos en todo pero sentía mucho miedo de decirte lo que pasaba conmigo, cada vez que íbamos al hipódromo del reino te veía solo a ti, eras mi mayor fantasía, la fantasía prohibida, y hoy eres una realidad y no te quiero perder.
-Nunca me vas a perder, no seas tonto, ¡soy tu hermano!- exclamó mientras miraba a su hermano severamente.
-Tú ya no eres mi hermano- dijo Tomas susurrando- Tu eres mi amante. La sangre se perdió desde el primer momento en que fui tuyo y nunca va a volver a recomponerse. Serás mío desde el primer día en que estuviste en mí hasta el mi último aliento.

Lucas se levanto de la cama y recorrió el cuarto pensando en las palabras que su hermano había dicho mientras este se daba media vuelta. Observaba el cuerpo de Tomas en la cama con mucho detalle, la penumbra hacia que su cuerpo se transformara en un sepia perfecto, una obra de arte viviente, era hermoso, era pulcro, podía escuchar su respiración desde la pequeña distancia que aguardaba entre los dos, y supo desde ese momento que jamás volvería a amar a nadie más que a su propia sangre.

Isabel estaba aterrorizada, no quería salir de su cuarto, sentía que su vida corría peligro, pero pensaba sobre todo en lo que su madre se había convertido, una bestia, insensible, deforme, inhumana, un monstruo. De su padre aun no sabía nada, pero sentía que no era el momento de salir de su cuarto, esperaría a que Marcela llegara y así poder salir acompañada de alguien.

Pasaron menos de cinco minutos y Amry tocó a la puerta del cuarto de Isabel, esta de inmediato entro en pánico, no podría mantener un control de sí misma así que su primera idea fue envolverse en las sabanas con la cara tapada. Amry finalmente abrió la puerta.
-Es hora de bajar a desayunar-  dijo Amry mientras observaba el bulto de cobijas blancas en que se había transformado su hija.
-En un momento iré mama- respondió con voz temblorosa.
-¿Te pasa algo hija?- pregunto con desdén mientras levantaba una ceja.
-Estoy bien, en un rato bajo- dijo casi a punto de llorar- ¿Dónde está Marcela?
-No lo sé, últimamente no veo a ninguna de las criadas por aquí- respondió casi sonriente- seguramente han decidido dejarnos sin avisar, se debieron enterar de lo locos que estamos o de lo locos que seremos, ¿no crees hija?

Isabel no respondió ante el comentario de su madre, solo espero hasta que la mujer saliera del cuarto para poder pasar al baño y tratar de calmarse un poco. Habían pasado solo tres o cuatro días desde que no había podido dormir bien del todo, cada día se había convertido en una tortura sobre natural, no entendía por qué después de tanto tiempo, había comenzado a sufrir este tipo de enfermedad. ¿Pero cuál sería?, ¿Había soñado a caso?, las respuestas a estas preguntas envidian su cabeza y una era totalmente diferente de la otra, no había concordancia en ninguno de sus pensamientos, pensaba que se había vuelto loca. Jenna y Karla estaban bien y ella solo tenía horribles pensamientos mezclados con el odio que obtenía de su madre.

Como pudo logro arreglarse un poco y bajo las escaleras temblorosamente, esta vez, no encontró ningún rastro de la sangre que había visto en la mañana al bajar y logro tranquilizarse un poco. Mas lucida recorrió el pasillo principal y entro a al comedor donde se encontraba sola. Cinco minutos más tarde Lucas y Tomas, perfectamente listos para equitación, se presentaron y se sentaron junto a Isabel.

-¿Pasa algo hermanita?- Pregunto Lucas ante el aspecto enfermizo que tenia Isabel.
-Estoy bien, no he dormido bien, nada más que eso- dijo cortante.
-¿Estás segura?- siguió Tomas.
-Sí, esto bien- reafirmo mientras se organizaba el cabello, había bajado tal cual se había levantado, nunca antes había estado tan impresentable ante sus hermanos desde aquella vez cuando era una pequeña niña de 4 años y solía jugar todas las mañanas en el jardín, usualmente solía entrar con la ropa sucia, llena de tierra y con el cabello enmarañado como si hubiera tenido una pelea afuera.- ¿Y ustedes? ¿Qué tal va todo ahí adentro?
-No entiendo hermanita, a que te refieres- respondió Lucas mirando con sorpresa a su hermano.
-Olvídenlo- respondió Isabel con una sonrisa cómplice en su rostro.
-Quiero que me dig...-
-¡Buenos días!- interrumpió Amry, quien abrió la puerta de par en par, al verla todos quedaron enmudecidos en la mese.

Amry llevaba un vestido de color negro ajustado al cuerpo, parecía lista para un baile real, usaba una tiara y un collar de rubíes, su piel blanca contrastaba a la perfección con aquella tela de lino que remarcaba su figura, le aumentaba el busco y hacia que su rostro fuera infinitamente atractivo, su cabello dorado estaba perfectamente recogido y dejaba al descubierto unos grandes pendientes del mismo material de su collar. A su lado hacia su entrada John, con un perfecto traje negro e impecable abrazaba a su mujer camino a la mesa.

Al ver a su madre Isabel palideció, sentía nauseas y terror de solo recordad la escenas que había presenciado unas horas antes, sin embargo conservaba la ilusión de que todo eso fuese solo una mala pasada de su cerebro enfermo.

-Marcela esta por servir- Dijo Amry mientras dedicaba una sonrisa a su marido.
-¿Donde está Karla y Jenna?- Pregunto Isabel fingiendo curiosidad.
-Al parecer mi querida hija nos han dejado esta noche, han salido sin avisar y quien sabe donde estarán- respondió con despreocupación mientras hacía sonar la campana que traería el desayuno.
-No entiendo nada, y ¿No piensan informar sobre esto al Reino?- Pregunto Tomar desconcertado.
-No tomas- respondió el John con una mirada severa- Esas mujeres hace mucho viene trabajando de mala manera, seguramente algo traían entre manos contra nosotros, es mejor que se vayan y que no vuelvan nunca más.
-¡Pero deben dar aviso, puede haberles pasado algo!- intervino Isabel preocupada y bastante exaltada.
-¡DIJE QUE NO! Y ¡NO QUIERO QUE SE HABLE MAS DE ESTE TEMA!- grito Amry mientras se levantaba de su silla- Nadie va a hablar sobre esas miserables mujeres que se encargaron de abandonarnos sin decir una sola palabra, son unas malagradecidas, solo espero que estén muertas.

Al decir esa oración, Isabel comenzó transpirar, su nerviosismo aumentaba mientras que su madre caminaba lentamente alrededor de la mesa con una expresión rígida en su rostro, se detuvo en la cabecera donde estaba su marido y dedico una enorme sonrisa a todos en la mesa mientras que dos Enormes hombres que ninguno de los miembros de la familia había visto antes se paseaban entre ellos dotándolos de banquetes especiales para el desayuno de la familia.
-Ah, había olvidado presentarles a Joself y a Rem- dijo Amry mientras acariciaba el cuello de su marido- Ellos a partir de hoy van a reemplazar a las desadaptadas mujeres que trabajaban en nuestra cocina.

Joself era un hombre de aproximadamente dos metros de estatura, un hombre de piel negra pero con facciones no tan propias de su raza, era fornido, sus músculos se marcaban  a través del grueso traje de trabajo, por otro lado Rem era un hombre de un metro y ochenta de estatura, también era altamente fornido, este era un poco más modesto, a pesar de que sus músculos también se notaban, este optaba por no alardear de ellos, era un hombre de cabello negro y la piel blanca como el queso, sus ojos verdes opacaba cualquier intento de belleza que hubiera ante su presencia. Sin embargo no se trataba de hombres comunes empleados, todos sabían que aquellos que servían en las casa más importantes del Reino era personas elegidas para cumplir una misión obligatoria y de por vida, generalmente eran aquellos inadaptados a quienes la monarquía había dado misericordia y había enviado a una mejor suerte para evitar la muerte.

Joself se paseo sirviendo el juego de naranja que acostumbraban tomar mientras Tomas lo seguía con la mirada, Lucas evidentemente se dio cuenta que su hermano estaba hipnotizado con aquel hombre de color que estaba sirviendo. Tomas no disimulaba en lo absoluto, su mirada era fija, corría con la suerte de que su familia a excepción de su hermano estaban pendientes de otros asuntos y no reparaban la actitud que había tomado tomas.
-¡Ya basta!- susurro Lucas a tomas mientras este le pisaba un pie bajo la mesa. Tomas inmediatamente se reincorporo mentalmente a la mesa
-Madre, y ¿de dónde has sacado a estos caballeros?- Pregunto Lucas con una cara de sorpresa fingida.
-Los solicite esta mañana, y llegaron muy rápido, son perfectos ¿no crees?- Respondió dedicándole un guiño.
-¿Donde está Susana?- Pregunto Isabel que había estado en silencio desde el grito de su madre.
-Está en su cuarto, Marcela se está encargando de ella, al parecer no se siente bien- Dijo Amry evitando la mirada de su hija- de todas maneras se que se va a poner bien mientras nadie la moleste, con Marcela está en buenas manos.

Al terminar el desayuno, los nuevos encargados del servicio retiraron todo de la mesa y se dirigieron a la cocina, Amry y John anunciaron que saldrían de la casa, visitarían el castillo y no volverían hasta la noche. Los hermanos tenían un arduo entrenamiento con los caballos así que salieron inmediatamente hacia el hipódromo, e Isabel quedaría solo en la casa junto con los nuevos del servicio.

Isabel volvió a su habitación y procuro estar calmada, fue al baño y tomo una ducha de agua caliente, pudo relajarse por primera vez, duro aproximadamente una hora en aquel baño esclareciendo su mente y tranquilizando su cuerpo, al fin decidió levantarse de la tina y salir, se envolvió en una gruesa toalla y salió a habitación.

Camino hasta su cama donde había puesto su ropa, comenzó a vestirse frente al espejo mientras comenzaba a observar que el espejo se empañaba. Cuanto más ella prestaba atención al espejo, este se empañaba mas y mas como si la humedad del baño hubiera pasado al resto de su cuarto, los vidrios de las ventanas también comenzaron a empañarse y la temperatura comenzó a bajar rápidamente. De su baño salió una bella mujer desnuda, con el cabello rojo y los ojos azules, su cuerpo era perfecto, y su rostro a Isabel le era muy familiar. Isabel no sintió miedo al ver esta mujer, por el contrario, la extraña presencia le proporcionaba una cierta paz que el resto de la casa le quitaba. Isabel camino hacia aquella mujer mientras esta la miraba fijamente desde la entrada de su baño, de un momento a otro, esta mujer se abalanzo sobre Isabel y la tiro al suelo, pero este ya no era el suelo de su cuarto, había atravesado el suelo hacia pero aun así estaba en el mismo había caído en su habitación, solo que esta vez era ella la presencia desnuda que observaba sin ser percibida su propio cuarto.

Al verse desnuda Isabel corrió a abrir su closet pero encontró ropa que no era de su pertenencia, la ropa era antigua, diferente, camino hacia su cama y sintió que no era su aroma el que expedía sus sabanas, a un costado de la cama, un suntuoso espejo se elevaba casi por toda la pared  era muy alto pero no muy ancho. Isabel paso frente al espejo pero no pudo reflejarse, era como si no existiese, solo ella podía verse a su misma. En su desesperación por intentar verse en el espejo, dejo escapar un grito al ver que aquella mujer rubia y desnuda que se había abalanzado sobre ella salía nuevamente del baño, esta vez con una tranquilidad y libertad sobre ese cuarto, la vio abrir el closet y sacar un gran vestido junto con un corsé. La bella rojiza se vestía mientras alegremente cantaba y recorría el cuarto de un lado para el otro sin siquiera percatar que Isabel estaba ahí, desnuda, presenciando todo lo que hacía.

-Margarita, ¿estás lista?- dijo una voz masculina mientras abría la puerta del cuarto. Inmediatamente Isabel intento cubrirse su desnudez pero le fue imposible.
- Me falta acomodar un poco mi cabello y estaré lista su majestad- respondió la mujer dedicándole una sonrisa.
- Me permitirías un segundo- dijo señalando hacia donde estaba Isabel.
-¡Claro que si su majestad! Esta es su casa y su espacio- respondió de  nuevo inclinando la cabeza.

El hombre avanzo rápidamente hasta donde estaba Isabel y esta grito tirándose para atrás y cayendo en un rico  mientras el hombre se acercaba cada vez mas sin siquiera darse cuenta de la presencia de Isabel. El posaba frente al espejo, se miraba su vestimenta y acomodaba según se veía a sí mismo aquello que perturbase su imagen, sus ojos no estaban disponibles para Isabel, ella no existía ni para él ni para aquella mujer, no era nadie, se había convertido en un fantasma.

domingo, 9 de octubre de 2016

El Jardin del Lobo Part 4: El Fin de los Placeres Prohibidos

La densa niebla que se había estancado en el jardín y que empañaba los vidrios  de las ventanas comenzaba a disiparse mientras los primeros rayos de luz iluminaban las murallas húmedas de la mansión. Con mucha dificultad y sabiendo que su reloj biológico la había traicionado, Karla intento levantarse de su cama en donde había dormido plácidamente en su pequeño cuarto a un lado de la cocina donde trabajaba junto a Jenna, como era costumbre se dirigió al minúsculo baño a asearse y a vestirse para comenzar su jornada de trabajo, sabía perfectamente que en un par de horas la casa entraría en plena actividad y debía despertar a Jenna para que juntas pudieran iniciar los oficios. Una vez estando lista y con su traje de trabajo puesto e impecable de desplazo un par de metros fuera de su cuarto hacia la cocina. Al llegar no pudo evitar asustarse al ver una gran cantidad de sangre esparcida en un rincón de la cocina, justo donde John había reposado después de haber asesinado a Jenna, de inmediato atravesó el comedor y corrió por el pasillo principal hasta la entrada donde empezaban las escaleras, al empezar a subir, y pudo notar que había más sangre en el barandal, aterrada comenzó a seguir el rastro que había dejado John al subir, llego hasta aquel cuarto de huéspedes donde John  había entrado, Karla con mucho temor abrió la puerta y siguió la sangre hasta el baño donde lo encontró  inundado en sangre dentro de la tina.

Sin dar aviso ni hacer ningún ruido Karla salió sigilosamente mientras sus ojos se aguaban y el pánico se apoderaba de ella. Corrió hacia la habitación de Amry para advertirla sobre lo que acababa de ver, mientras corría por el pasillo para subir nuevamente las escaleras se topó con ella quien bajaba como lo hacía cotidianamente a esperar por el desayuno.

-¿Qué pasa contigo Karla?- Gritó Amry ante el fuerte tropiezo que tuvo con ella.
- Señora Amry, creo que algo muy grave está pasando- dijo la criada con una voz sollozante  y apenas comprensible.
-¿De qué me estás hablando? Y ¡ya deja de llorar que no puedo escuchar nada de lo que dices mujer!- exclamo Amry sobresaltada ante la actitud desconcertante de la empleada.
-Hay sangre por toda la casa señora, su esposo esta en uno de los cuartos de huéspedes bañado en sangre señora tiene que verlo, hay que llamar al Reino- repetía una y otra vez la mujer sobresaltada
-Ya cállate mujer y llévame al cuarto, quiero saber que está pasando aquí- dijo Amry enfadada ante el comportamiento de la empleada.

Efectivamente ambas caminaron  hasta la puerta de aquel cuarto y entraron para confirmar lo que la empleada estaba diciendo. Amry estaba sobria, inexpresiva, como si nada de lo que estaba ocurriendo le afectase en lo más mínimo, como si ella hubiera planeado todo.

-¿John?- grito Amry quien se esforzaba por mostrarse sorprendida ante la empleada. John se despertó al oír el vociferado grito de su mujer.
- Lo siento mucho, perdóname- sollozaba mientras con dificultad se ponía de pie e intentaba respirar profundamente. ¡La mate! ¡Yo la mate! Comenzó a gritar mientras que de su cuerpo desnudo se inmiscuía la sangre que la había envuelto en la tina.
-¿De qué estás hablando?- le dijo Amry mirando fijamente a su marido.
-No lo sé, yo no recuerdo nada, solo la vi muerta, estaba muerta, yo fui, no lo hice, no me acuerdo de nada…- repetía una y otra vez sin parar, parecía que había perdido la cordura, estaba en una extrema alteración.
-¿Quien es ella?  ¿Dónde está?- dijo Amry entre dientes.
-Jenna, ¡yo mate a Jenna!- Grito. Al mismo tiempo que Karla emitía un grito de terror.
-Tenemos que informar al reino de esto, ¡ahora!- intervino Karla con rencor en su voz hacia Jonh.
- ¡Nadie va informar de nada a nadie, entendido!- Gritó Amry enmudeciendo a todos en aquel baño
-Los siento señora Amry, es mi deber informarlo, el reino tiene que saber que el señor Jonh es un asesino- Afirmo Karla con severidad
-¡No seas insolente mujer! ¿Acaso has visto el cuerpo de la mujer en la casa? John puede estar solamente delirando- dijo Amry más calmada.
-Está en el mausoleo, en el mausoleo- repetía John llorando una y otra vez mientras su mirada recorría el techo, era como si su alma de hubiera desprendido de su cuerpo.

Sin decir una sola palabra, Amry agarro a Kara de un brazo y la saco obligada del cuarto donde estaban, y aseguro la puerta con la llave correspondiente que cargaba Karla para ingresar a  hacer sus labores en los respectivos cuartos, así obligando a John a permanecer encerrado. Amabas en absoluto silencio bajaron las escaleras y atravesaron la puerta principal. Al salir al jardín se encontraron con un panorama desolador, todo el jardín estaba carbonizado, parecía que hubiera brotado carbón y tierra podrida por todas partes, daba la sensación de ser un campo de guerra y no un hermoso jardín como lo había sido hasta el día anterior.

Isabel despertó intranquila, un dolor de cabeza la agobiaba mientras que sentía que por su cuerpo habían pasado múltiples carrozas de hierro, se levanto con mucho esfuerzo y se dirigió al baño a lavarse el rostro, abrió la llave del lavabo y el agua cristalina comenzó a salir mientras las tuberías internas sonaban estrepitosamente.

 En la parte de arriba, Jonh sentía que se quedaba cada vez más seco, el agua se estaba yendo por la tubería y con ella toda la sangre de Jenna que no había podido quitarse de encima. Abajo Isabel comenzó a sentir un olor fuerte sobre el agua que salía, y sin aviso, el agua se torno roja, era la sangre de Jenna que estaba decidida a no pasar desapercibida ante nadie. Isabel soltó un grito y corrió hacia el  pasillo, bajo las escaleras y busco a Marcela en la cocina, pero no la encontró, no Jenna, ni Karla estaban donde normalmente podía encontrarla, así que decidió salir, quizás en el jardín encontraría a alguien quien pudiera ayudarle. 

Al salir no pudo evitar asombrarse ante el panorama que estaba frente a sus ojos, nunca en su vida había visto el jardín de esa manera. Comenzó a recorrer el camino hasta que pudo ver a su madre junto con Karla paradas frente al viejo Mausoleo, al verlas tuvo un mal presentimiento, se escondió detrás de un árbol y comenzó a observar todo los movimientos que hacían las dos.

Karla estaba confundida, no sabía qué hacer, miraba fijamente a Amry y podía notar su falta de credulidad o interés en todo lo que estaba pasando, acaba de morir o mejor, acaban de asesinar a su compañera, dentro de ella solo rogaba que todo fuera un invento de John. Amry se alejo un poco para recoger una pica de mediano tamaño con la cual obligaría a Karla a abrir la pesada puerta del mausoleo. Karla con nerviosismo levanto la pica y la metió en la ranura que separa ambas puertas y con fuerza logro abrirlas.

-¡Era verdad!- grito Karla mientras empezaba a llorar, se mando las manos a la cara para tapar sus ojos para no ver más aquella escena cruda.

El cuerpo de Jenna yacía descompuesto justo abajo de las puertas, como si aquel mausoleo acelerara el proceso de descomposición de los cuerpos, pero desagradable olor a podrido  era tan fuerte que hasta Isabel pudo sentirlo.

-Cierra eso ahora y aquí no ha pasado nada, ¿entendiste?- Le susurro Amry con una severidad que abrumaba a Karla.
-¡No!- grito enfurecida, esto lo tiene que saber en el reino. Dio media vuelta y empezó a caminar.
-¡No vas ir a ninguna parte!- le grito, mientras levantaba la pica, y al cabo de un segundo, Amry la golpeo con la punta atravesándole el cuello a Karla de manera inmediata imposibilitándola a emitir ningún sonido. Amry comenzaba a sentir que su cuerpo se transformaba, un calor sofocante recorría su cuerpo mientras que sentía que se desfiguraba, su odio y miedo se convertía en una mezcla de ira y rencor, sentía que no debía quedar nada de aquella mujer se que había atrevido a desafiarla. 

La golpeaba una y otra vez, mientras la cabeza de aquella mujer se desfiguraba y su cráneo se destruía, lo disfrutaba, sentía que con cada golpe se volvía mas fuerte. Cuando desistió de golpearla, con una fuerza desconocida hasta para ella misma, la agarro y la arrojo al mausoleo, mientras que a los pedazos de la cabeza de aquella mujer los goleaba con la pica de forma tal que cayeran dentro del Mausoleo, Al terminar, lo cerro de nuevo y volvió a la casa.

Isabel quien había presenciado toda la brutal escena, no paraba de llorar y sentir terror de que su madre la descubriera espiando y mas en esas circunstancias. Había visto como esa mujer destrozaba a otra como aplastar una uba, sus sentimientos recorrían del temor hasta el asco. Antes de que su madre se adelantara a regresar, Isabel corrió por el Camino del Rey y entro a la casa, corrió hacia su cuarto y se encerró ahí a llorar.

Amry se dirigió al cuarto donde había encerrado a su marido, abrió la puerta y  se dirigió al baño donde encontró a su marido desnudo en la tina que ya estaba vacía, se desnudo frente a él, abrió el grifo y lleno la tina nuevamente, ahora era ella quien al entrar tiñò de rojo toda el agua de la tina, Al verla Jonh dejo de sentir preocupación. Amry lo miraba fijamente mientras le acariciaba el pecho y descendía con su mano dentro del agua hasta tocar su miembro, comenzó a masturbarlo mientras él la besaba apasionadamente y sus dedos de deslizaba por la parte más intima de su mujer haciéndola sentir más viva que nunca, no les importaba el olor a sangre y muerte, el sexo para ellos sería igual de placentero que asesinar a las criadas. Porque para ellos los placeres prohibidos, ya no lo serian nunca más.