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sábado, 13 de septiembre de 2014

La Nostalgia del Cambio


Todavía mantengo en mi mente muy presente y redundante, aquel preciso instante en que decidí aventurarme y dejar el mundo que hasta entonces conocía, que era mío y que durante muchos años, mi ser lo entendía como su hogar.

No es difícil de imaginar aquel sentimiento de pertenencia, es naturaleza humana, y parte de amor propio, pero más que eso, es la educación brindada por la sociedad,  te acostumbraba a las calles de tu ciudad hogar, mostrándote el mundo de manera limitada, pero que para la mente de alguien como yo en ese entonces, era la única realidad conocida, pero ahí estaba yo, recapitulando mi existencia, examinado uno por uno los momentos que viví, y sintiendo el miedo más grande del mundo, o por lo menos de mi mundo.

El miedo es el primer sentimiento que surge cuando te encuentras a punto de enfrentarte a lo desconocido, y no es para menos, es como entrar a un lugar oscuro sin tener idea de poder volver, y así me sentía, aterrorizado, feliz, temeroso, entusiasta, fue la mezcla de sentimientos más grande de mi vida, estaba a punto de dejar todo lo que conocía y creía mío, para conocer la verdadera extensión del mundo, tal cual como durante muchos años solo la televisión me mostraba.

Soy nativo de la alegría, cada día en ese peculiar lugar era de fiesta, la felicidad era esencial sobre todo momento, cada instante era maravilloso, y aunque todo es perspectiva, era mi punto de vista, mi manera de sentir ese pedazo de tierra, esa jungla de concreto rodeado de hermosos cerros, adornada de bellas sonrisas y ambientada por la salsa, ese era mi diario vivir, acompañado de pluralidad cultural y de la hermosa variedad de expresiones de afecto y amistad, sin embargo, en el fondo Yo sabía que el mundo era mucho más grande que la visión panorámica que tenía desde la colina de san Antonio, mucho más allá de los siete ríos que atraviesan la ciudad, se encontraba un movimiento humano, una locura de 20 horas que abarcaba los 7 días de la semana, un sinfín de culturas y millares de personalidades.

Nunca estuve preparado, creo yo que nadie está preparado para dar el salto fronterizo, nadie me advirtió de la magnitud de la decisión,  pero soy joven, un humano curioso, uno más, y las ansias eran mayores que mis temores, así pues me encontraba a solo 5 minutos de abordar, a 5 minutos de expandir mi conocimiento, a 5 minutos de vivir, de crecer y no volver.


Comencé a volar en mis sueños, creía imposible lo que estaba viviendo, aunque las decisiones nunca son fáciles, dejar lo que amas, esas personas, esos lugares, y llevarte solo los recuerdos, una cabeza llena de bellos momentos y un corazón a estallar de zozobra, de sentimiento por las experiencias, es como cuando arrancan una parte de ti, solo dejas tu corazón al dejar tu hogar.


Pero a pesar de toda la nostalgia, siempre llevas presente esa felicidad característica de vivir, ingrese lentamente, llegue a mi lugar, me senté, aferrándome a la silla como si ella fuera cada persona que deje, como si fuera cada calle que extrañaré, así  cerré los ojos y simplemente imagine, pensé, y rogué que todo estuviera bien, que las cosas salieran bien y que mi mundo, hoy más grande se convirtiera en mi hogar, aquel fue el primero de los muchos viajes posteriores, pero fue el que partió mi historia en dos, el que recuerdo con cariño y del que agradeceré toda mi vida, mire por la ventana aproximada y me encontré con el Washington Monument  en una oscura noche de inverno americana, el miedo aumenta paralelo al interés por una nueva vida, siempre entendiendo que aquella noche solo se daría el primero de millones de cambios, fue en ese 29 de noviembre  que atravesé un continente entero para llegar a un destino incierto, a un libro que apenas comenzaba a escribirse y donde yo era el protagonista.