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martes, 23 de diciembre de 2014

Parte 2 "Perturbación en Llamas"


-Alguien ha estado escondiéndose en mi estudio de nuevo,  ¿verdad?- dijo John con tranquilidad mientras se acercaba lentamente donde estaba Isabel.
-Yo solo…
-Tranquila, no te preocupes- la interrumpió sentándose a su lado-. Sé que has estado leyendo los viejos libros de historia familiar, pero debes saber que son solo historias y no hay nada que temer, esta casa lleva novecientos años en pie, hay mitos sobre cada rincón de la mansión pero no debes asustarte eso, es algo irreal.
-Los he visto- respondió preocupada, aun con la mirada fija en el mausoleo-.
-¿Qué has visto?- replico John con nerviosismo-.
-En mis sueños. Los he visto todas las noches, siempre salen de ese lugar.-Respondió señalando la entrada al mausoleo-.
-Isabel, mírame- siguió John con seriedad-. No es real. Tu mente se sugestiona cuando lees esa clase de cosas. Mejor ven conmigo, el desayuno estará en la mesa muy pronto.
John se levantó rápidamente dándole la mano a Isabel ayudándola a ponerse de pie, juntos caminaron por el Camino del Rey hacia la entrada de la mansión.
-Ve date una ducha y regresa, en media hora estará listo el desayuno- le ordeno a Isabel.
Ella asintió.

Rápidamente subió las escaleras hasta el tercer piso, era un recorrido bastante largo. Al llegar, caminó por el inmenso pasillo que separaba la escalera de la puerta de su cuarto, un pasillo lúgubre y poco iluminado. Siempre sentía miedo al pasar por ahí, pero no existía forma de evitarlo pues su cuarto se ubicaba en la parte norte de la mansión, la que habría sido el tercer piso de la torre norte. Originalmente construido y pensado para la hija mayor de “El Lobo”. Un monumental espacio perfectamente conservado a través de los siglos y con muy pocas modificaciones; tenía muchos objetos y muebles decorando el lugar y aun así se veía majestuoso, las terminaciones eran perfectas dignas de una habitación real, pero lo que más impactaba era la hermosa lámpara estilo araña de cristal, solo se bastaba a sí misma para iluminar perfectamente la habitación entera.  En el día, las enormes Puerta-Ventanas dejaban entrar el sol tornando la iluminación blanca gracias a las cortinas de seda del reino. Las paredes estaban adornadas con pinturas familiares, obras de más de 800 años de antigüedad reposaban en ellas, en especial la de un enorme Grifo negro, la pintura era tan grande que abarcaba todo muro y cambiaba de color con el paso de las horas.

Isabel entró a su cuarto con prisa, mientras caminaba se iba quitando la ropa, dejándola  esparcida por la habitación mientas se dirigía al baño, su empleada tenia lista el agua caliente en la bañera, pues su padre se lo había ordenado, se ubicó frente al espejo de cuerpo completo que había en su baño y comenzó repasar cada parte de sus cuerpo con sus manos. Su belleza era desmesurada; sus ojos eran verdes, sus cejas naturalmente delineadas, sus labios eran rosados y su sonrisa era inmejorable. Su cuerpo despedía perfección, una obra de arte viva. Su cabello rubio ondulado y abundante le llegaba hasta el final de la espalda  haciendo un contraste perfecto con su piel blanca perfectamente cuidada. Sentía mucha curiosidad pues su cuerpo cambiaba rápidamente y, a sus 16 años ya se daba cuenta de que pronto dejaría de ser una niña y pronto se convertiría en una mujer.

 Terminó de mirarse y se dirigió a la bañera, el agua estaba tibia tal cual era su preferencia.  Se recostó hasta dejar que el agua tapase sus oídos con todo su cuerpo sumergido. Estaba relajada aunque en su mente continuaba sintiendo temor, sentía que el agua inundaba cada parte de su cuerpo hidratándose y la calidez le hacía sentir placer. La sensación de deleite se hacía cada vez más intensa  sin embargo comenzaba a sentir comezón en la en sus piernas pero no lograba alterar su estado. El calor del agua aumentaba gradualmente  al punto en que la comezón se convertía en ardor. Abrió sus ojos y se vio en vuelta en llamas,  todas las paredes se quemaban en intenso fuego, mientas que el agua de su bañera comenzaba a hervir, su piel se tornaba cada vez más roja y el dolor era inconcebible. Se levantó con dificultad y comenzó a arrastrase entre las llamas tratando de llegar a la puerta.  El dolor era tan intenso que no pudo sostenerse en pie,  lentamente a rastras se esforzaba por llegar la puerta mientras gritaba.
-¿Que paso señorita Isabel?- pregunto su empleada preocupada mientras la ayudaba a recuperarse y  a levantarse del suelo.
-¿Qué sucedió?- preguntó la empleada alterada. Llamaré al señor John.
-¡NO!- grito Isabel con nerviosismo. No te preocupes. No le digas esto a nadie, ¿entendiste?, ahora retírate, quiero estar sola.
-Está bien señorita-respondió la empleada dando vuelta y dirigiéndose a la salida de la habitación.

Isabel aun en estado de conmoción buscó signos del incendio mientras trataba de contener el miedo que la embargaba, pero no logro encontrar rastro alguno, las paredes seguían intactas, blancas y perfectas como siempre. Se dirigió de nuevo al vestidor, cambio sus prendas, y salió fugazmente de la habitación.

Regreso nuevamente al primer piso de la mansión, recorrió el inmenso pasillo central y abrió la gran puerta de cristal. El salón del comedor era el sitio frecuentado por la familia tres veces al día, por lo tanto, era después de las habitaciones el lugar más concurrido de la casa. Perfecto en todas sus dimensiones, fue originalmente construido como salón de la visita real pero siempre se adecuo para ser espacio del comedor, su decoración es la copia exacta  del Castillo principal del Reino; acabados en mármol inmejorables y pinturas antiguas generalmente retratos familiares completos yacían en los muros. El techo era tan alto que las enormes lámparas se veían pequeñas y solo eran notables cuando la tierra se movía.

-Por fin llegas hija mía- dijo Amry impaciente mientras observaba las puntas de su larga cabellera rubia. No podré nunca decir lo mismo de tus hermanos, tienen esa horrible costumbre de dejarnos esperando.
-¿Donde esta papá?- Preguntó ignorando el comentario de su madre.
-Está en la cocina, últimamente le gusta pasar mucho tiempo supervisando a las cocineras-Dijo con sarcasmo. De igual forma el desayuno estará servida en breve, mi angel.

Con tranquilidad se sentó en el lugar más cercano al de su padre mientras Amry la miraba fijamente. Era una mujer rubia de cabello lacio como la  seda, su rostro reflejaba los años vividos aunque se conservaba perfectamente,  era una mujer hermosa y con aires de juventud a sus cincuenta años. Su mirada era penetrante, apenas parpadeaba al ver  como su hija mayor se sentaba del otro extremo de la mesa. La mala relación entre Isabel y su madre había existido siempre, Amry nunca había sido una madre expresiva ni atenta. Desde el nacimiento de Isabel, no sintió afecto hacia ella, simplemente no podía mirarla, era como si algo en su ser se hubiera muerto al parir a aquella pequeña. Intento durante los años posteriores poder adaptarse a la pequeña, poder ser una madre normal, pero  se deprimía con cada intento.
En  medio de la tensión entre Isabel y su madre, se abrió de nuevo la puerta de cristal, se trataba de Lucas, un joven de 23 años, alto y muy desarrollado;  su piel era tan blanca como el papel y su cabello tan oscuro como los pasillos de la mansión, una espesa barba le cubría el rostro haciéndole parecer mucho mayor, y aun así se veía totalmente impecable. Sus ojos azules eran simplemente deslumbrantes. Seguido de Lucas entraba su hermano mellizo Tomas, su físico era exactamente el mismo exceptuando que Tomas era rubio. Susana era la siguiente, una pequeña de trece años, rubia y de carita angelical se acercaba junto a sus hermanos al comedor.

-Mis pequeños, su padre está por llegar pueden sentarse- dijo Amry efusivamente mientras se levantaba de su silla para recibirlos.
-Madre, perdonarías nuestra tardanza, despertar a Tom es un trabajo arduo- dijo Lucas burlándose de su hermano.
-No se preocupen chicos, como ven, el desayuno aún no está en la mesa-dijo  con suavidad.  Hoy es un día especial, la princesa del Reino, Lorena, aceptó nuestra invitación a cenar en una semana, se encuentra muy interesada en conocerlos a ustedes dos- dijo con entusiasmo, señalando a Tomas y a Lucas. Así que mis príncipes, espero que puedan brindarle la mejor atención, es por su bien.
Lucas y Tomas se miraron uno al otro con cara de sorpresa, no esperaban tal noticia.
-Madre, basta con eso, te he dicho incontables veces que no me interesa esa mujer- se precipitó Lucas con seguridad. No me interesa esa mujer.
-No te estoy pidiendo consentimiento- dijo con serenidad mientras se levantaba de su silla y caminaba alrededor de la mesa dirigiéndose hacia él. Vas a hacer lo que yo te diga, nuestra familia ha estado presente en la realeza del Reino por más de ochocientos años y eso no va a cambiar ahora.
-Además, mi pequeño, debes corregir algunas conductas que no te hacen bien, sabes de lo que te hablo verdad ¿Verdad?- le dijo a Tomas susurrándole al oído sin que sus hermanos pudieran escuchar.
Tomas se paralizo, sintió como se le ponía la piel de gallina. Su madre regreso a su lugar sonriendo.
-Bien, ahora que las dudas se han resuelto podemos comenzar a desayunar- dijo con una sonrisa mirando a sus hijos.
-Listo chicos, pueden comenzar a servir- pidió a los empleados mientras John entraba al salón proveniente de la cocina.
-Buen día, hijos- saludo John sonriendo.
Todos contestaron el saludo.
-Te tardaste mucho con la empleada en la cocina- dijo Amry mirando fijamente a su marido. Hace más de veinte minutos que  estoy aquí sentada.
-Tengo cosas que atender Amry-replico con severidad. Nadie más atiende a los empleados de esta casa, debo responsabilizarme siempre por ellos.
-¿Responsabilizarte tan temprano?-dijo.
-Ellos trabajan desde temprano- respondió cortante

Isabel estaba acostumbrada a las discusiones de sus padres en la mesa.
Comenzaron a llevar los provocativos platos, grandes cantidades de pan y todo tipo de frutas se posaban sobre la mesa, tocino, una especialidad de carne para el desayuno y una  oferta de dulce especial para la hora. Todos se deleitaron con la exquisitez de la comida servida, Lucas y Tomas hablan entre ellos mientras comían y sus padres seguían discutiendo, solo la pequeña Susana y ella estaban en total silencio. Ambas cruzaron sus miradas, Susana le sonría mientras llevaba un pedazo de pan a su boca, mientras que Isabel solo podía escuchar el ruido producidos por todos a la vez, el chillido de los cubiertos en fricción con los platos, el sonido delas copas, de la comida crujiente, y de las discusiones de todos en la mesa. El sonido era aturdidor y le provocaba ansiedad, trato de concentrarse y comer un poco, dio una mira a su plato y probó  un poco de la carne especial, tenía un buen gusto, siguió con su mirada en el plato mientras pensaba en lo delicioso que estaba. Volvió lentamente la vista hacia la mesa, comenzó a sentir de nuevo todo el ruido, cada vez era más fuerte, la aturdía en sobre manera.


 Pareciese que nadie más sentía aquel molesto ruido. Volvió nuevamente a cruzar mirada con su hermana, esta vez ella estaba mirándola fijamente, de pronto su hermana esbozó una enorme sonrisa, no parecía nada normal, su rostro se transformaba y aquella sonrisa se tornó en  una expresión macabra, sangre comenzaba a salir de sus ojos y de su boca mientras ella seguía sonriéndole. Gritó fuertemente, pero ninguno de los presentes en la mesa se daba por enterado, ellos seguían hablando entre si mientras ella presenciaba la horrible escena, Susana seguía sonriendo con su rostro desfigurado y emitiendo sangre, manchando el piso, mientras que Isabel aterrada no podía apartar la vista, no podía moverse de su lugar, estaba petrificada, observó como de la comida comenzaban a salir insectos, y roedores, pudo por fin levantarse de su asiento pero el entro en shock, todos volvieron a verla gritando hasta que perdió el conocimeinto.