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lunes, 10 de octubre de 2016

El Jardín del Lobo Part 5 : Un Cambio de Perspectiva

En la penumbra de la gran habitación comenzó a despertarse, se sentía muy relajado, su cuerpo desnudo se confundía con el cuerpo de su hermano que reposaba parcialmente encima de él. Las enormes cortinas impedían la entrada de la luz natural, solo hacía que la habitación se cargara de una tenue iluminación. Lucas comenzó a acariciar el cabello rubio de su pariente mientras Tomas ya despierto comenzaba a tocar el pecho de Lucas tan delicadamente que él sentía que se le ponía la piel de gallina. Tomas comenzó a levantarse e inclinarse sobre el cuerpo de su hermano para darle un beso, un beso largo y tranquilo, un beso perfecto y prohibido. Lucas sabía muy bien que todo estaba fuera de lugar pero aun así, el veía a su hermano como un espejo mejorado de sí mismo, plasmo en él, el amor que sentía por sí mismo y a la vez por él. Durante el beso sentía que se enloquecía, que estaba incurriendo en un delito, sabía que si alguien descubriese lo suyo estarían en serios problemas, quizás hasta podrían morir, sin embargo, no iba a dejar de sentirlo, sabía que estaba atado desde el primer día que descubrió a su hermano como un hombre, cuando jugaron a quererse por primera vez.

-¿Pasa algo?- pregunto Tomas  ante la extraña expresión de su hermano mientras se besaban.
-Nada, estoy bien- respondió Lucas emitiendo una sonrisa- no pasa nada cuando estoy al lado del hombre al que amo, pero…
-Pero ¿Qué?- Pregunto entusiasmado.
-Has pensado ¿qué pasaría si llegaran a descubrirnos, si  en algún momento nuestra Madre o nuestro padre entraran a esta habitación y nos vieran así?, nuestro padres nos asesinaría, o tal vez nos encierre en el sótano por el resto de nuestra vida. Nuestra familia no aguantaría una vergüenza como esa, somos hermanos Tomas, eso es lo que nos condena- dijo Lucas con la mirada perdida en el techo- te amo pero tengo mucho miedo.
-Yo también lo tengo Lucas, tengo miedo de morir por esto- dijo mientras se acostaba a un lado de su hermano y comenzaba a mirar el techo- Hace un par de años cuando todo esto comenzó sentí que era la persona más feliz del mundo, siempre estuvimos juntos en todo pero sentía mucho miedo de decirte lo que pasaba conmigo, cada vez que íbamos al hipódromo del reino te veía solo a ti, eras mi mayor fantasía, la fantasía prohibida, y hoy eres una realidad y no te quiero perder.
-Nunca me vas a perder, no seas tonto, ¡soy tu hermano!- exclamó mientras miraba a su hermano severamente.
-Tú ya no eres mi hermano- dijo Tomas susurrando- Tu eres mi amante. La sangre se perdió desde el primer momento en que fui tuyo y nunca va a volver a recomponerse. Serás mío desde el primer día en que estuviste en mí hasta el mi último aliento.

Lucas se levanto de la cama y recorrió el cuarto pensando en las palabras que su hermano había dicho mientras este se daba media vuelta. Observaba el cuerpo de Tomas en la cama con mucho detalle, la penumbra hacia que su cuerpo se transformara en un sepia perfecto, una obra de arte viviente, era hermoso, era pulcro, podía escuchar su respiración desde la pequeña distancia que aguardaba entre los dos, y supo desde ese momento que jamás volvería a amar a nadie más que a su propia sangre.

Isabel estaba aterrorizada, no quería salir de su cuarto, sentía que su vida corría peligro, pero pensaba sobre todo en lo que su madre se había convertido, una bestia, insensible, deforme, inhumana, un monstruo. De su padre aun no sabía nada, pero sentía que no era el momento de salir de su cuarto, esperaría a que Marcela llegara y así poder salir acompañada de alguien.

Pasaron menos de cinco minutos y Amry tocó a la puerta del cuarto de Isabel, esta de inmediato entro en pánico, no podría mantener un control de sí misma así que su primera idea fue envolverse en las sabanas con la cara tapada. Amry finalmente abrió la puerta.
-Es hora de bajar a desayunar-  dijo Amry mientras observaba el bulto de cobijas blancas en que se había transformado su hija.
-En un momento iré mama- respondió con voz temblorosa.
-¿Te pasa algo hija?- pregunto con desdén mientras levantaba una ceja.
-Estoy bien, en un rato bajo- dijo casi a punto de llorar- ¿Dónde está Marcela?
-No lo sé, últimamente no veo a ninguna de las criadas por aquí- respondió casi sonriente- seguramente han decidido dejarnos sin avisar, se debieron enterar de lo locos que estamos o de lo locos que seremos, ¿no crees hija?

Isabel no respondió ante el comentario de su madre, solo espero hasta que la mujer saliera del cuarto para poder pasar al baño y tratar de calmarse un poco. Habían pasado solo tres o cuatro días desde que no había podido dormir bien del todo, cada día se había convertido en una tortura sobre natural, no entendía por qué después de tanto tiempo, había comenzado a sufrir este tipo de enfermedad. ¿Pero cuál sería?, ¿Había soñado a caso?, las respuestas a estas preguntas envidian su cabeza y una era totalmente diferente de la otra, no había concordancia en ninguno de sus pensamientos, pensaba que se había vuelto loca. Jenna y Karla estaban bien y ella solo tenía horribles pensamientos mezclados con el odio que obtenía de su madre.

Como pudo logro arreglarse un poco y bajo las escaleras temblorosamente, esta vez, no encontró ningún rastro de la sangre que había visto en la mañana al bajar y logro tranquilizarse un poco. Mas lucida recorrió el pasillo principal y entro a al comedor donde se encontraba sola. Cinco minutos más tarde Lucas y Tomas, perfectamente listos para equitación, se presentaron y se sentaron junto a Isabel.

-¿Pasa algo hermanita?- Pregunto Lucas ante el aspecto enfermizo que tenia Isabel.
-Estoy bien, no he dormido bien, nada más que eso- dijo cortante.
-¿Estás segura?- siguió Tomas.
-Sí, esto bien- reafirmo mientras se organizaba el cabello, había bajado tal cual se había levantado, nunca antes había estado tan impresentable ante sus hermanos desde aquella vez cuando era una pequeña niña de 4 años y solía jugar todas las mañanas en el jardín, usualmente solía entrar con la ropa sucia, llena de tierra y con el cabello enmarañado como si hubiera tenido una pelea afuera.- ¿Y ustedes? ¿Qué tal va todo ahí adentro?
-No entiendo hermanita, a que te refieres- respondió Lucas mirando con sorpresa a su hermano.
-Olvídenlo- respondió Isabel con una sonrisa cómplice en su rostro.
-Quiero que me dig...-
-¡Buenos días!- interrumpió Amry, quien abrió la puerta de par en par, al verla todos quedaron enmudecidos en la mese.

Amry llevaba un vestido de color negro ajustado al cuerpo, parecía lista para un baile real, usaba una tiara y un collar de rubíes, su piel blanca contrastaba a la perfección con aquella tela de lino que remarcaba su figura, le aumentaba el busco y hacia que su rostro fuera infinitamente atractivo, su cabello dorado estaba perfectamente recogido y dejaba al descubierto unos grandes pendientes del mismo material de su collar. A su lado hacia su entrada John, con un perfecto traje negro e impecable abrazaba a su mujer camino a la mesa.

Al ver a su madre Isabel palideció, sentía nauseas y terror de solo recordad la escenas que había presenciado unas horas antes, sin embargo conservaba la ilusión de que todo eso fuese solo una mala pasada de su cerebro enfermo.

-Marcela esta por servir- Dijo Amry mientras dedicaba una sonrisa a su marido.
-¿Donde está Karla y Jenna?- Pregunto Isabel fingiendo curiosidad.
-Al parecer mi querida hija nos han dejado esta noche, han salido sin avisar y quien sabe donde estarán- respondió con despreocupación mientras hacía sonar la campana que traería el desayuno.
-No entiendo nada, y ¿No piensan informar sobre esto al Reino?- Pregunto Tomar desconcertado.
-No tomas- respondió el John con una mirada severa- Esas mujeres hace mucho viene trabajando de mala manera, seguramente algo traían entre manos contra nosotros, es mejor que se vayan y que no vuelvan nunca más.
-¡Pero deben dar aviso, puede haberles pasado algo!- intervino Isabel preocupada y bastante exaltada.
-¡DIJE QUE NO! Y ¡NO QUIERO QUE SE HABLE MAS DE ESTE TEMA!- grito Amry mientras se levantaba de su silla- Nadie va a hablar sobre esas miserables mujeres que se encargaron de abandonarnos sin decir una sola palabra, son unas malagradecidas, solo espero que estén muertas.

Al decir esa oración, Isabel comenzó transpirar, su nerviosismo aumentaba mientras que su madre caminaba lentamente alrededor de la mesa con una expresión rígida en su rostro, se detuvo en la cabecera donde estaba su marido y dedico una enorme sonrisa a todos en la mesa mientras que dos Enormes hombres que ninguno de los miembros de la familia había visto antes se paseaban entre ellos dotándolos de banquetes especiales para el desayuno de la familia.
-Ah, había olvidado presentarles a Joself y a Rem- dijo Amry mientras acariciaba el cuello de su marido- Ellos a partir de hoy van a reemplazar a las desadaptadas mujeres que trabajaban en nuestra cocina.

Joself era un hombre de aproximadamente dos metros de estatura, un hombre de piel negra pero con facciones no tan propias de su raza, era fornido, sus músculos se marcaban  a través del grueso traje de trabajo, por otro lado Rem era un hombre de un metro y ochenta de estatura, también era altamente fornido, este era un poco más modesto, a pesar de que sus músculos también se notaban, este optaba por no alardear de ellos, era un hombre de cabello negro y la piel blanca como el queso, sus ojos verdes opacaba cualquier intento de belleza que hubiera ante su presencia. Sin embargo no se trataba de hombres comunes empleados, todos sabían que aquellos que servían en las casa más importantes del Reino era personas elegidas para cumplir una misión obligatoria y de por vida, generalmente eran aquellos inadaptados a quienes la monarquía había dado misericordia y había enviado a una mejor suerte para evitar la muerte.

Joself se paseo sirviendo el juego de naranja que acostumbraban tomar mientras Tomas lo seguía con la mirada, Lucas evidentemente se dio cuenta que su hermano estaba hipnotizado con aquel hombre de color que estaba sirviendo. Tomas no disimulaba en lo absoluto, su mirada era fija, corría con la suerte de que su familia a excepción de su hermano estaban pendientes de otros asuntos y no reparaban la actitud que había tomado tomas.
-¡Ya basta!- susurro Lucas a tomas mientras este le pisaba un pie bajo la mesa. Tomas inmediatamente se reincorporo mentalmente a la mesa
-Madre, y ¿de dónde has sacado a estos caballeros?- Pregunto Lucas con una cara de sorpresa fingida.
-Los solicite esta mañana, y llegaron muy rápido, son perfectos ¿no crees?- Respondió dedicándole un guiño.
-¿Donde está Susana?- Pregunto Isabel que había estado en silencio desde el grito de su madre.
-Está en su cuarto, Marcela se está encargando de ella, al parecer no se siente bien- Dijo Amry evitando la mirada de su hija- de todas maneras se que se va a poner bien mientras nadie la moleste, con Marcela está en buenas manos.

Al terminar el desayuno, los nuevos encargados del servicio retiraron todo de la mesa y se dirigieron a la cocina, Amry y John anunciaron que saldrían de la casa, visitarían el castillo y no volverían hasta la noche. Los hermanos tenían un arduo entrenamiento con los caballos así que salieron inmediatamente hacia el hipódromo, e Isabel quedaría solo en la casa junto con los nuevos del servicio.

Isabel volvió a su habitación y procuro estar calmada, fue al baño y tomo una ducha de agua caliente, pudo relajarse por primera vez, duro aproximadamente una hora en aquel baño esclareciendo su mente y tranquilizando su cuerpo, al fin decidió levantarse de la tina y salir, se envolvió en una gruesa toalla y salió a habitación.

Camino hasta su cama donde había puesto su ropa, comenzó a vestirse frente al espejo mientras comenzaba a observar que el espejo se empañaba. Cuanto más ella prestaba atención al espejo, este se empañaba mas y mas como si la humedad del baño hubiera pasado al resto de su cuarto, los vidrios de las ventanas también comenzaron a empañarse y la temperatura comenzó a bajar rápidamente. De su baño salió una bella mujer desnuda, con el cabello rojo y los ojos azules, su cuerpo era perfecto, y su rostro a Isabel le era muy familiar. Isabel no sintió miedo al ver esta mujer, por el contrario, la extraña presencia le proporcionaba una cierta paz que el resto de la casa le quitaba. Isabel camino hacia aquella mujer mientras esta la miraba fijamente desde la entrada de su baño, de un momento a otro, esta mujer se abalanzo sobre Isabel y la tiro al suelo, pero este ya no era el suelo de su cuarto, había atravesado el suelo hacia pero aun así estaba en el mismo había caído en su habitación, solo que esta vez era ella la presencia desnuda que observaba sin ser percibida su propio cuarto.

Al verse desnuda Isabel corrió a abrir su closet pero encontró ropa que no era de su pertenencia, la ropa era antigua, diferente, camino hacia su cama y sintió que no era su aroma el que expedía sus sabanas, a un costado de la cama, un suntuoso espejo se elevaba casi por toda la pared  era muy alto pero no muy ancho. Isabel paso frente al espejo pero no pudo reflejarse, era como si no existiese, solo ella podía verse a su misma. En su desesperación por intentar verse en el espejo, dejo escapar un grito al ver que aquella mujer rubia y desnuda que se había abalanzado sobre ella salía nuevamente del baño, esta vez con una tranquilidad y libertad sobre ese cuarto, la vio abrir el closet y sacar un gran vestido junto con un corsé. La bella rojiza se vestía mientras alegremente cantaba y recorría el cuarto de un lado para el otro sin siquiera percatar que Isabel estaba ahí, desnuda, presenciando todo lo que hacía.

-Margarita, ¿estás lista?- dijo una voz masculina mientras abría la puerta del cuarto. Inmediatamente Isabel intento cubrirse su desnudez pero le fue imposible.
- Me falta acomodar un poco mi cabello y estaré lista su majestad- respondió la mujer dedicándole una sonrisa.
- Me permitirías un segundo- dijo señalando hacia donde estaba Isabel.
-¡Claro que si su majestad! Esta es su casa y su espacio- respondió de  nuevo inclinando la cabeza.

El hombre avanzo rápidamente hasta donde estaba Isabel y esta grito tirándose para atrás y cayendo en un rico  mientras el hombre se acercaba cada vez mas sin siquiera darse cuenta de la presencia de Isabel. El posaba frente al espejo, se miraba su vestimenta y acomodaba según se veía a sí mismo aquello que perturbase su imagen, sus ojos no estaban disponibles para Isabel, ella no existía ni para él ni para aquella mujer, no era nadie, se había convertido en un fantasma.